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Erica Farias, 'Pantera' en el ring y en la vida

La campeona mundial de peso superligero del CMB sobrevivió a la violencia de género gracias al boxeo.
13 Mar 2017 – 1:24 AM EDT

Por Omar Carrillo
@OmarCarrilloHH

No es difícil adivinar el porque le llaman ‘Pantera’ a Erica Farias. De tez morena, sus movimientos sobre el ring son medidos, ligeros, plásticos pero al mismo tiempo atrevidos, amenazantes como el gran felino de su sobrenombre. Y si te acecha pon pies en polvorosa y date por perdido.

Lo mismo sobre el cuadrilátero que en la vida misma. Se ha ido moviendo con similar gracia y atrevimiento esquivando la violencia de género, la discriminación y la desigualdad en un deporte que también tira golpes durísimos fuera del ring.

Y es que mucho antes de ser famosa, Erica debió enfrentarse a su combate más duro y por los pelos no sale con el brazo en alto.

En un gimnasio donde entrenaba conoció a un chico, también boxeador, y entabló con él una relación amorosa.


Al poco tiempo, como ocurre siempre en las historias de violencia de género, aquel hombre dejó de lado la máscara y enseñó su verdadero rostro: era un tipo agresivo, física y psicológicamente.

La sometió, le decía que el box era un deporte sólo para hombres, la alejó de su familia, la humilló, le hizo sentir que no valía nada y llegó a golpearla en distintas ocasiones. Incluso, Erica dejó un tiempo el box y se dedicó a limpiar casas, y oficinas.

Una vez la amenazó con cortarle los nudillos con una hoja de afeitar, para que no pudiera seguir boxeando. Hasta que un día la apuñaló y dijo basta, decidió contarle a su familia todo aquello.

“Estoy viva gracias al boxeo, literalmente”, dijo recientemente en una entrevista al diario La Opinión y añadió, “me curtió de coraje para decidir ser una mujer libre y no terminar en la camilla de una fría morgue, como -lamentablemente- sí terminan muchas chicas que padecen violencia de género”.


Aquello no duró más de un año y logró reponerse rápidamente, aunque las cicatrices del alma suelen nunca borrarse.

Sexta de siete hermanos e hija de don Luis, albañil, y Silvia Beatriz, empleada doméstica, nació en Santa Rosa, en Argentina, y siempre le gustaron los deportes de contacto.

Inició con el full-contact y después llegó al boxeo.

Como amateur tuvo 20 peleas de las cuales solo perdió dos y en el 2006 fue campeona panamericana en su natal Argentina, y subcampeona mundial en la India.


En el 2009 debutó como profesional y a partir de entonces todo vino en cascada. En el 2010 se convirtió en campeona del mundo superpluma al imponerse a la estadounidense Ann Saccurato.

Hizo siete defensas del título y finalmente cayó con la belga Delfine Persoon, subió entonces de categoría y se hizo del cinturón superligero del CMB al vencer a su compatriota “Locomotora” Oliveras.

A los 32 años tiene un récord de 24 victorias, 10 por KO, y una derrota y está a la espera de su siguiente combate el 9 de julio. Subirá una vez más de categoría para enfrentar a la noruega Cecilia Braekhus, campeona mundial de peso welter.

Pero pese a tantas peleas de campeonato del mundo, ‘Pantera’ Farias aún tiene un pendiente muy elemental: comprarse una casa.


La enorme diferencia entre los sueldos de los campeones de box hombres y las campeonas mujeres ni siquiera le ha permitido hacerse del más preciado de los patrimonios.

“Con más de diez peleas por títulos mundiales y casi ocho años como profesional todavía no pude comprar mi casa”, explica en la entrevista para La Opinión.

“No es justo que todavía no tengamos derecho a cobrar bolsas parecidas a las de los hombres, por el simple hecho de ser mujeres”, añade.

De cualquier manera ella no se amarga la vida y tira hacia adelante. Conduce su propio programa de televisión en San Fernando, ofrece pláticas a mujeres que han pasado por violencia de género y en la Sociedad de Fomento de Virreyes da clases de boxeo a un grupo de chicos amenazados por la vida de la calle.


“Tengo un hermanito de 19 años que desde hace dos está tratando de salir de las drogas, y no quiero ver más a los pibes de mi barrio destruir sus vidas con este flagelo. Entiendo que el boxeo es una buena salida de todos esos problemas”, asegura.

Lo dice con el testimonio en la mano, porque a ella misma le ha servido.

Y a los que no se pueden ir sin que se les conteste la pregunta. Sí, sí volvió a encontrar el amor. Se llama Federico Delellis. Es boxeador amateur y comerciante. Y tienen planeado casarse muy pronto.

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