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La Liga más pequeña del mundo; la disputan solo dos equipos

Lejos de competencias como la española, la italiana o la inglesa, la de las Islas Sorlingas la juegan únicamente los Garrison Gunners y los Woolpack Wanderers.
6 Mar 2017 – 1:40 AM EST

Tan de moda están las historias de fantasía mezcladas con una pizca de ciencia ficción en las que se habla de bucles en el espacio-tiempo: entiéndase en una explicación pseudocientífica-hollywodense, que los protagonistas están atrapados en un mismo punto temporal una y otra vez.

Pero quizá lo más cercano que alguien puede estar reducido al mismo espacio-tiempo o a la sensación de estar preso en un escenario similar, se dé en un campo de fútbol en las Islas Sorlingas.

A 48 kilómetros de la punta suroeste de Inglaterra, en la isla St. Mary, los mismos equipos se enfrentan en el mismo campo con los mismos compañeros y oponentes. Incluso con el mismo árbitro -bueno en realidad son dos- sobre la cancha. Todo una y otra vez, los domingos por la mañana. Llueva, nieve, granice, haya niebla o truenos. Incluso si hace buen clima o no se completan los equipos.


Rojos y azules juegan una y otra vez 20 partidos de liga, cuatro más en dos copas e incluso uno en una especie de supercopa.

Es la liga más pequeña del mundo en la que únicamente dos conjuntos se enfrentan a lo largo de toda la temporada.

Y es que el Garrison Gunners y el Woolpack Wanderers han sobrevivido a lo largo de las décadas en la liga de las Islas Sorlingas fundada en los años 20 del siglo pasado y que alguna vez tuvo cuatro equipos hasta que en 1984, según la FIFA, alcanzó su formato actual.


Esto ocurrió por una sencilla razón, las islas se han ido quedando sin jóvenes que en la búsqueda por una vida mejor emigran a Gran Bretaña.

Pero los que se quedan y deciden jugar fútbol disputan el Lioness Shield, el título de liga. Además juegan por la Charity Shield, el vencedor de la copa y de la liga, la Copa Wholesalers y la Copa Foredeck. Una de ellas a partidos de ida y vuelta.

No hay amor por la camiseta es puro amor al fútbol. Porque para mantener a todos los involucrados interesados, incluso al escaso público que asiste a sus partidos, al inicio de cada campaña se reunen ambos capitanes en un ejercicio de paridad. Escogen uno a uno por turnos a los jugadores luego de un volado, justo como en el colegio, en un intento de equilibrio entre ambos cuadros.


Los duelos se celebran en el Garrison Field un “pintoresco campo que recibe el sonido de las olas rompiendo del Oceáno Atlántico”, según describe BBC Mundo.

Son los futbolistas los encargados de poner el campo en condiciones: colocar los banderines, pintar las líneas del campo de juego, tapar los hoyos de los conejos con tierra.

Y es que la vida en las islas no es sencilla. De 146 que conforman el archipielago, únicamente cinco están habitadas y entre las cinco no alcanzan los 17 kilómetros cuadrados.


Es un sitio paradisíaco con bellas playas, agua cristalina de tonos azules y montes verdes. Lleno de turistas en verano, pero por lo mismo la vida es cara y la oferta académica escasa. Los jóvenes se marchan y la mayoría no regresa por lo que ni siquiera alcanza para un par de conjuntos de fútbol más.

Y en el que para ajustar los cuadros en la campaña que se juega actualmente, describe el NY Times, uno de los capitanes debió hacer un llamado en Radio Scilly para completar las plantillas y, además, realizó un reclutamiento en el que el criterio de selección fue: “Nada más alguien que pueda patear un balón”.

Sobra decir que los jugadores son trabajadores de hoteles, restaurantes o de la industria naviera del lugar y cada semana, religiosamente de octubre a mayo, como dice el NY Times, disputan un clásico.

“No hay un clásico en el mundo del fútbol que se haya jugada con tanta frecuencia”, asegura el diario estadounidense.

Y si no es eso, entonces qué.

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