Han sido cinco desgracias las que han ensombrecido los Juegos Olímpicos de Invierno. A lo largo de la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno se han originado un sinnúmero de accidentes, muchos de ellos sin mayores consecuencias, pero no todos corren la misma suerte y algunos terminaron en tragedia.
Accidentes fatales que han conmocionado los Juegos Olímpicos de Invierno
A lo largo de su historia, los Juegos Olímpicos de invierno han sufrido episodios tristes por accidentes fatales.
La primera de ellas ocurrió en Innsbruck 1964 cuando el polaco Kazimierz Kay-Skrzypecki representaría a Gran Bretaña en el debut del Luge como deporte olímpico.
Su destino estaba marcado en el entrenamiento del 21 de enero. El exceso de velocidad fue el factor para salir proyectado hacia un poste, causándole lesiones.
El que también fuera piloto de la Real Fuerza Aérea Británica la libró al momento, pero su cuerpo no aguantó los traumatismos y falleció al día siguiente.
Tres días después sucedió la tragedia de Ross Milne, un esquiador alpino australiano de 19 años que competiría en descenso, en las cordilleras de Patscherkofel.
Durante la carrera de entrenamiento, Milner bajó a una velocidad de 96 km/h por una de las partes complicadas del circuito, el cual presentaba malas condiciones.
Un conjunto de esquiadores estaba frente a él; tenía que reaccionar rápido y tomar la mejor decisión, por lo que se desvió y evitó la colisión, pero perdió la estabilidad y se impactó fatalmente contra un árbol.
24 años pasaron para que un nuevo deceso ensombreciera la cita olímpica. Se trató del Dr. Jörg Oberhammer, que en Calgary 1988 fue parte del equipo médico de esquí alpino de Austria.
Ocurrió entre las dos mangas del eslalon gigante cuando, a consecuencia de un choque con un esquiador, cayó donde pasaba una máquina pisanieves; las montañas de Nakiska, donde se desarrollaban las competencias, fueron testigos de la tragedia.
Albertville 1992 significó la inclusión del esquí de velocidad como deporte de exhibición, así como el fatídico accidente del esquiador suizo Nicolas Bochatay.
Lo curioso es que no falleció durante la final de la competencia, sino en un entrenamiento en una pista pública ubicada en Les Arcs al chocar en una máquina pisanieves. Al Dr. Oberhammer y Bochatay los unía un trágico paralelismo olímpico.
El último accidente fatal de las justas invernales se suscitó en Vancouver 2010. Nodar Kumaritashvili fue un atleta de Luge georgiano que a los 20 años truncó su carrera cuando, al cruzar la pista en un entrenamiento, alcanzó la velocidad de 143 km/h en la última curva.
Esto le causó la propulsión de su cuerpo hacia uno de los pilares del Centro de Deslizamiento de Whistler, donde se golpeó la nuca y, pese a que los médicos trataron de reanimarlo, jamás despertó.
Desde entonces, han pasado tres ediciones olímpicas sin reportarse deceso alguno por fortuna.
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