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América

Él es el verdadero padre del Lavolpismo

Como jugador, Adolfo Pedernera fue un delantero total que anotaba y hacía jugar; como técnico, fue un genio defensivo que educó a Ricardo La Volpe.
29 Abr 2017 – 08:26 PM EDT

Si tuviera que buscar una explicación para entender esa actuación tan floja, la resumiría en una sola palabra: desorganización.


(Amadeo Carrizo, portero de Argentina en 1958)


Considerando el austero juego exhibido por el América, a La Volpe se le acusa de haber enterrado al Lavolpismo. Lavolpismo esto y Lavolpismo lo otro. Hoy por hoy sabemos que murió el Lavolpismo, pero jamás hemos sabido ni cuándo nació ni dónde.

Agradecido con México por brindarle la oportunidad de hacerse técnico, La Volpe tampoco rehúye mencionar a dos de los tres hombres que en Argentina lo influenciaron más: César Luis Menotti (quien lo incluyó en la nómina campeona mundial en 1978) y Adolfo Pedernera (quien, tras ganar el título de 1964 con Boca Juniors concediendo seis goles en 25 juegos, recaló en Banfield, cuna del ‘Bigotón’).

Más que Menotti, Pedernera es la figura clave en el nacimiento del Lavolpismo ya que Pedernera como jugador fue un crack devenido a técnico exitoso. De Pedernera se dice que era mejor que Alfredo Di Stéfano (fueron compañeros de ataque en Millonarios de Bogotá) y mientras el primero volvió a la Argentina para maravillar con River Plate durante los años cincuenta, el segundo se marchó al Real Madrid.


‘La Máquina’ fue el apodo de aquel mítico cuadro millonario en el cual Pedernera jugaba como ‘falso nueve’: un delantero experto en hacer goles en el área y salir de ella para hacer jugar al resto de sus compañeros. De aquel equipo, River ganó el estereotipo de fútbol placentero y agradable a la vista que sin embargo ganó menos de lo que mereció.

Según el escritor inglés Jonathan Wilson, el fútbol en Argentina jamás fue el mismo desde el 6-1 sufrido ante Checoslovaquia en el Mundial de Suecia 1958. Los argentinos habían pasado décadas vanagloriándose de su superior técnica frente a los demás países y aquella paliza implantó a la fuerza la semilla de la organización: la de la táctica.


Pedernera simbolizó esta transición: espectacular sobre el césped, calculador en la pizarra. Pero solo fue símbolo de una época marcada por estrategas igualmente preocupados por la organización: Osvaldo Zubeldía con Estudiantes (primer campeón argentino del interior del país) y el discípulo de este, Carlos Salvador Bilardo (campeón mundial en 1986). Esa fue la época del La Volpe guardameta y Bilardo fue el tercer hombre que lo influenció.

El Lavolpismo no es creación de La Volpe, sino el fruto de un árbol cuyas raíces van hasta Pedernera y más profundo. La siguiente gráfica compara los sistemas de tres equipos distintos: la Argentina de Bilardo en la final contra Alemania Federal en el Estadio Azteca, la Argentina de José Néstor Pékerman en la Copa Confederaciones de Alemania 2005 y, (por último), México de La Volpe en la misma Confederaciones.


En estos tres estrategas argentinos se aprecia la similitud de jugar con una línea de tres defensas centrales. Cuando Pedernera jugaba, los equipos defendían con dos zagueros, puesto que los hombres de banda eran ‘gambeteros’ con ida, pero sin vuelta, como Lionel Messi. Después de 1958, en el fútbol argentino comenzó a defenderse con tres por default: lo hizo Bilardo y después de él vinieron otros. Soprende, no obstante, cuán parecidos son La Volpe y Bilardo.

El Lavolpismo no es un invento patentado ni tampoco es sinónimo de espectáculo. El Lavolpismo es la característica de equipos entrenados por La Volpe en cuanto a una sola premisa: la organización. Y Ricardo Antonio aprendió a organizar equipos desde su época de portero en Banfield, a las órdenes de Menotti, viendo a las escuadras de Pedernera y a las de Bilardo.

Mientras sus equipos jueguen organizadamente, el Lavolpismo existirá. Cuando sus equipos pierdan goleados 6-1 partido a partido, el Lavolpismo habrá cesado de existir.

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