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¡Inmenso! Vladimir Guerrero vaticinaba sus acciones en el diamante

Ex compañeros del nuevo latino miembro en el Salón de la Fama de las Grandes Ligas repasan anécdotas de su brillante paso por las mayores, al ser inmortalizado este domingo.
29 Jul 2018 – 01:39 PM EDT
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Por Marcos Grunfeld.

Imaginen lo difícil que puede ser para un viajero frecuente tener miedo a volar en aviones, un temor que caracterizó la carrera del ex jardinero de Los Angeles Angels of Anaheim, Vladimir Guerrero, el décimo latino que será inmortalizado en el pabellón del Salón de la Fama de las Grandes Ligas, este domingo.

Escuchar música, contar historias, tratar de divertirse y responder las preguntas de sus compañeros era la forma del espigado patrullero para apaciguar su recelo a las alturas, cuando cada tres o cuatro días debía trasladarse entre las diferentes ciudades de la Unión Americana para explotar aquel talento extraordinario que la vida le dio para jugar pelota.

“Él se sentaba siempre detrás de mí”, recuerda con pasmosa claridad el excampeón mundial, Liván Hernández, pieza central del primer título de los Miami Marlins en 1997. “Yo no tengo miedo de los aviones, entonces nos sentábamos a escuchar música”.

Algo en que coinciden el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial de 1997 y el pitcher venezolano, Kelvim Escobar, autor de más de cien triunfos y cincuenta rescates en las mayores, es que gozaban preguntarle a Guerrero sobre su plan de trabajo para cada jornada.

Las respuestas denotan su asombrosa capacidad que hoy es premiada con el máximo reconocimiento en el mundo del béisbol.

“Un domingo en Minnesota estaba Johan Santana en su mejor momento”, cuenta Escobar al otro lado del teléfono. “Y él se me acercó y me dijo: ‘A ese paisano tuyo le voy a buscar un solo pitcheo y verás donde va a caer esa pelota’”.

A Guerrero le tomó tres turnos hallar el envío que buscaba, pero cumplió la palabra que empeñó horas antes de ese compromiso y despachó un bambinazo ante un cambio de velocidad que el dos veces ganador del premio Cy Young de la Liga Americana le tiró.

No fue la única vez que el dominicano vaticinó un evento así.

“Era un pelotero increíble”, celebró Hernández en la conversación. “A mí me dijo una noche que al día siguiente le sacaría dos pelotas a Mike Hampton”.

La anécdota del cubano es tan asombrosa que más de una década después aún la recuerda, porque hasta le especificó donde caerían los pitcheos y hacia dónde irían sus batazos.

“Me va a tirar para afuera y se la voy a sacar al right field”, ripostó Guerrero en su charla de aquel entonces con Hernández. “Me la a tirar para adentro y se la voy a sacar al left field”.

“Al otro día lo hizo”, relató el antiguo pitcher derecho . “Cuando tienes talento puedes decir y hacer eso”.

Y razón no le falta al antillano, quien hoy junto al venezolano y varios excompañeros verán al caribeño ser entronizado al Salón de la Fama de las Grandes Ligas, junto a Chipper Jones, Jim Thome, Trevor Hoffman y Alan Trammel, en la clase más amplia que es exaltada al museo de los inmortales del béisbol, desde 1939.

“Tenía un gran brazo, fildeaba, corría y bateaba”, ilustró Hernández. “Es un talento que no se encuentra todos los días. Yo jugué con muchos peloteros buenos como Barry Bonds y otros, pero él era increíble”.

El tercer dominicano en el Salón de la Fama de las Grandes Ligas se retiró de su profesión con un premio al Jugador Más Valioso, nueve participaciones en el Juego de Estrellas, ocho bates de plata, una asistencia a la Serie Mundial, 2590 hits, 1496 empujadas, 1328 anotadas, 449 cuadrangulares y un promedio vitalicio de .318.

“Estoy orgulloso de haber compartido con él en mi carrera”, dijo el exgrandeliga Endy Chávez en un video para Univisión Deportes, sobre su excompañero que obtuvo el 92.8% de los votos recogidos en enero para entrar al selecto grupo que tiene una placa en el olimpo de MLB. “ Y agradecido por el apoyo, los consejos y la oportunidad de jugar a su lado. Espero que disfrutes esto”.

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Y seguro será un día que Guerrero disfrutará como lo hizo con toda su carrera, una actitud que no solo le valió para apaciguar el miedo a volar sino para cosechar la carrera que le mereció pertenecer a la élite de las Grandes Ligas.

“Para ser buen pelotero, tienes que disfrutar el juego”, concluyó Hernández algo en lo cual coincidió Escobar. “Él jugaba béisbol como si estuviera jugando chapita en el corral de su casa. Yo lo veía como si él iba a jugar un partido entre amigos y creo que él no se imaginaba en el nivel que estaba. A veces le preguntabas quién lanzaba un día cualquiera y no sabía, pero después tenía un gran desempeño. Era un fuera de lote”, completó el venezolano.

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