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Toluca

De niño ladrillero en Brasil a mundialista con el Tri; la historia de Sinha

Antonio Naelson, luego de la eliminación de Toluca, se retira y deja una huella indeleble en los Diablos y en el fútbol mexicano.
22 May 2017 – 10:54 PM EDT

Por Omar Carrillo
@OmarCarrilloHH

Cuando Sinha apareció como protagonista del Toluca y del fútbol mexicano allá en el inicio del milenio, dos cosas sorprendieron de él.

Su estilo desenfadado de 10 portentoso capaz de dirigir a un ejército que incluía gente del nivel de José Saturnino Cardozo y su español bien librado nada atravesado con su portugués natal.

Uno lo traía en la sangre, nació con él. Lo otro fue una decisión de vida.

Llegó a México en 1998 para jugar en el Saltillo de la Primera A. Seis meses más tarde conoció a Marcela Fuentes y en el 2000 se casó con ella. Decidió, entonces, naturalizarse mexicano cuando ningún futbolista extranjero lo hacía.


Entonces su esposa le dijo, “si vas a ser mexicano, tienes que hablar como mexicano” y practicaban juntos, y ella le corregía cada minuto del día.

No le importó mucho el tiempo que hubo de dedicar a aquello acostumbrado al esfuerzo y al trabajo como venía de Brasil.

Nacido en Itaja, un pueblito de Río Grande del Norte al noroeste del país amazónico, Sinha fue el séptimo de nueve hijos de don Antonio y doña María. Y en su niñez, mientras soñaba con ‘Zico’ y con el Flamengo, jugabaal fútbol y estudiaba, y trabajaba en la ladrillera Cerámica Nacional.


Se levantaba antes del alba, alrededor de las cuatro de la mañana, para entrenar con el Club Social Itaja. A las siete iniciaba sus labores de cargar barro y ladrillos por un sueldo que apenas le alcanzaba para comer. Así hasta las cinco o seis de la tarde.

A veces le alcanzaba el tiempo para entrenar un rato más y luego iba a la escuela por la noche.

Con todo ese esfuerzo, terminó la preparatoria y encontró un club que se interesara en el. Su hermano ‘Netinho’, que también jugó fútbol como profesional, le obsequió sus primeros ‘tacos’ y a los 16 años debutó profesionalmente en el Deportivo. Pasó después al América de Natal y luego al Rio Branco de Sao Paulo.


Tenía 20 años y le hablaron del Saltillo de la Primera A de México. Sentía que aquel era su ‘ultimo tren’ para hacer algo en su carrera profesional.

Destacó desde el primer momento y José Treviño, que era el técnico de aquel conjunto lo llevó al Monterrey.

Vio poca acción en Rayados, pero entonces Enrique ‘Ojitos’ Meza vio algo en su fútbol que pensó le serviría a los Diablos.


Su boom en Toluca se dio con Ricardo La Volpe. Luego su historia no solo fue de esfuerzo sino también de talento. Se fue escribiendo con triunfos y títulos.

Su cadencia, su visión de juego. El regate espléndido y sus trazos precisos, y mortales de 10, le dieron para cinco títulos con los choriceros, así como participaciones en unos Juegos Olímpicos (2004) y una Copa del Mundo con el Tri (2006).

Hoy aquel niño, acostumbrado al sacrificio y al trabajo, se retira. Y ya no carga a su espalda ladrillos, sino el peso de ser una leyenda futbolística mexicana.

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