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Opinión | Iniesta, el futbolista, ha muerto

Si Iniesta ha renunciado al Barça es porque ha renunciado al futbol y porque considera que su carrera como futbolista de alto rendimiento ha terminado. El resto, es negocio, es patrimonio, pero para él el futbol, lo que significa el futbol, ya terminó.
29 Abr 2018 – 8:32 PM EDT

Las comparaciones entre los mejores de la historia no dejan espacio para las valoraciones de otros futbolistas, pero entre Messi y Maradona hay un eslabón perdido, Andrés Iniesta. Aún recuerdo cuando entrevisté a su descubridor hace unos años. Lo descubrió cuando tenía 12 años, en un torneo de Madrid.

Iniesta debía sacrificar su niñez, dejar su pequeñito pueblo, su armónico núcleo familiar para volverse un adolescente prematuro; que el viaje de ida de Albacete a Barcelona fue dramático porque su madre y abuelo no pararon de llorar en todo el camino, que al día siguiente a su llegada sus padres lo llevaron al colegio y esa despedida significaría su independencia familiar, que al principio vivió en casa de su descubridor por la soledad que le producía ya no vivir con sus padres, que su primer compañero de habitación fue Víctor Valdés, y que cada mañana, cuando despertaba y abría las cortinas, lo primero que veía era el perfecto pasto del campo de entrenamiento del primer equipo.

Iniesta siempre ha elegido los adioses más difíciles como forma de vida. Lo hizo al decidir entre dejar a su familia y jugar futbol profesional a una edad que no le correspondía, y lo ha vuelto hacer al dejar al Barça siendo todavía uno de los jugadores más importantes.

No todos saben decir adiós a tiempo. Muchos futbolistas se despiden del más alto nivel competitivo habiendo perdido el respeto de sus aficionados. Se van cuando el cuerpo ya no les da más, cuando el seguidor se los reclama, cuando los clubes los corren, cuando su prestigio está muerto, cuando las marcas les retiran sus patrocinios, y cuando la única salida es por la puerta de atrás.


Andrés no lo podía hacer. Andrés debía irse en su mejor momento. Aclamado. Vitoreado. Aplaudido por aficiones rivales en estadios ajenos. Reconocido por sus compañeros como el mejor. Siendo titular. Siendo clave en la consecución de dos títulos. Siendo considerado para ganar el próximo Balón de Oro que lo acreditaría como el mejor jugador del año. Yendo a un Mundial y siendo protagonista. Sí, algunos dirán que no es jugador de un solo club porque todavía jugará en China, pero no seamos simplistas, si Iniesta ha renunciado al Barça es porque ha renunciado al futbol y porque considera que su carrera como futbolista de alto rendimiento ha terminado. El resto, es negocio, es patrimonio, pero para él el futbol, lo que significa el futbol, ya terminó.

Iniesta, el futbolista, ha muerto. A partir de su último partido con el Barça se habrá convertido en un recuerdo, uno de los mejores recuerdos del futbol, uno de los mejores de la historia, el eslabón perdido entre Messi y Maradona. Con Iniesta, también murió el tiki taka, ese que inició con Luis Aragonés en la Selección de España porque existían Xavi e Iniesta y que evolucionó con Guardiola porque existían Xavi e Iniesta. Sin Xavi, y ahora sin Iniesta, el tiki taka también ha muerto.

Pero las muertes, aunque siempre son tristes y dolorosas, también nos enseñan algo, nos enseñan a valorar, nos enseñan a apreciar, nos invitan a recordar, y nosotros recordaremos que vivimos en la época de Iniesta, que conocimos sus croquetas inigualables, sus goles determinantes, su manejo del tiempo y del espacio. Recordaremos que era un fantasmita que cambiaba de ritmo, que era humilde, sencillo, y tenía un viñedo, que se fue siendo el mejor futbolista, ganando la Copa y la Liga, que lo anunció en rueda de prensa y nos dejó sus lágrimas en vivo. Andrés, el futbolista, ha muerto, pero su recuerdo vivirá siempre, siempre, siempre.

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