Monterrey volvió a vibrar como solo la Sultana del Norte sabe hacerlo. Desde horas antes del silbatazo inicial, las gradas del Estadio Monterrey ya hervían: cantos, playeras históricas, familias enteras y una energía que recordaba por qué el extra de México es mundial, por qué este país es capaz de convertir cualquier partido en un espectáculo inolvidable.
Juego de Leyendas Corona Monterrey 2026
Este partido no solo regaló goles: abrió la conversación sobre lo que viene para México.

Apenas rodó el balón y México mostró su ADN: intensidad, orgullo y esa chispa que enciende cualquier estadio. Un riflazo de Zague abrió la noche y el público explotó de emoción. Pero la respuesta del Equipo Internacional llegó pronto con Xavi, recordando que la magia también vestía del otro lado. Luego apareció Del Piero, con un toque elegante digno de su leyenda, para darle la vuelta al marcador. Pero México no se rinde. Nunca. Luis “Matador” Hernández, con un recorte fulminante que dejó defensas en el pasto, firmó el empate antes del descanso. Monterrey rugió como en sus mejores noches

Si el primer tiempo fue intenso, el segundo fue un festival. Aldo de Nigris elevó a México con un cabezazo que hizo temblar la tribuna, pero Cafú volvió a igualar con clase. Después, Kluivert adelantó al Internacional, solo para que Layún soltara un bombazo al ángulo que levantó a todo el estadio. Y cuando parecía que nada podía superar esa emoción, Cafú volvió a
marcar… hasta que Marco Fabián firmó un tiro libre de antología para sellar el 6-6 y mandar todo a los penales.
El estadio vivía un frenesí absoluto: la ola no se hacía con las manos, sino con el corazón. Esa es la afición mexicana: resiliente, apasionada, siempre empujando más allá del resultado

Ahí, bajo la presión máxima, apareció el héroe de la noche: Moisés Muñoz. Atajó, una, dos, tres veces… y con cada parada el público reventaba. Con la última atajada, México selló una victoria que sabía a gloria y nostalgia. Fue la confirmación de algo que ya se gritaba desde la grada: cuando México da el extra, el mundo lo nota.
Las Leyendas brillaron, sí. Pero el verdadero protagonista fue el público. Los fans que llegaron desde temprano, los que no dejaron de cantar, los que celebraron cada jugada como final del mundo… esa gente es la que hace único a México. Son ellos quienes muestran por qué este país va a tener el mejor Mundial: por su fiesta, por su energía, por su forma irrepetible de vivir el futbol.

Este partido no solo regaló goles: abrió la conversación sobre lo que viene para México. El teaser de la campaña rumbo al Mundial ya empieza a levantar expectativa, y esta noche fue el adelanto perfecto. La afición quiere más, pide más, exige más… y eso es exactamente lo que hace grande a México.
Porque creamos la ola, porque somos resilientes, porque siempre damos el extra. Y anoche, en Monterrey, se volvió a comprobar.
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