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Jérémy Ménez y la generación disfuncional de rebeldes en Francia

El jugador americanista, Ben Harfa y Samir Nasri fueron tan buenos técnicamente como Mbappé y Griezmann ¿pero qué les pasó?
23 Ene 2019 – 2:50 PM EST

Cuando suele decirse que Zinedine Zidane es un francés de raíces africanas que le dio a Francia su primer mundial en 1998, se entiende implícitamente que Francia es un país donde la migración, la pobreza e incluso el Islam, son temas asimilables apelando a meras buenas intenciones.

Así pareció confirmarse 20 años después, cuando una selección francesa formada mayoritariamente por hijos de migrantes africanos (como Zidane) alzó la segunda Copa del Mundo tricolor. Entre los éxitos del 98 y del 2018, sin embargo, transcurrieron 20 años de escándalos y vestidores rotos cuyo punto más bajo fue la gresca al medio tiempo contra México en Sudáfrica 2010.

Entonces se dijo que se trató de un amotinamiento de los seleccionados musulmanes encabezados por Patrice Evra y Nikolas Anelka contra el seleccionador Raymond Domenech y jugadores 'blancos' como Yoann Gourcuff, el próximo Zidane. También se dijo que los traidores eran futbolistas viejos y que bastaba con hacer el recambio generacional para arreglar a la selección.

Entonces llegaron los Samir Nasri y los Hatem Ben Arfa a pelearse a muerte con Laurent Blanc.

Asimismo otros grandes talentos futbolísticos más discretos ante los micrófonos como el delantero del América de México, Jérémy Ménez, y el del Real Madrid de España, Karim Benzema, pertenecen a esta generación perdida de Francia: una generación post-Zidane y pre-Mbappé.


Aunque, por así decirlo, Ménez no proviene de un contexto "no-francés," sí perteneció a selecciones juveniles donde el caldo de cultivo de la discordia por cuestiones de clase social, color de piel y religión hirvió en el cóctel molotov del 2010. Por ello llama la atención que tanto el propio Benzema como Franck Ribery jamás lograron brillar con Francia a raíz de un escándalo de prostitución infantil.

Ribery mismo cambió poco después su nombre a Bilal Yusuf Mohammed, como reflejo de su conversión a la fe de Alá.

Lesiones aparte, Ménez técnicamente es tan bueno como cualquiera de los delanteros campeones de Rusia 2018. Su único infortunio fue haber pertenecido a una camada de futbolistas sacrificados involuntariamente para el éxito de las nuevas generaciones galas.

Si hacemos caso al controversial novelista francés Michel Houellebecq, quien sugiere que Francia está sufriendo una violenta transformación social con generaciones de catalizadores necesarias para asentar a los nuevos franceses, vale pensar que Ménez fue el catalizador que hizo posible la gloria de un crack como Antoine Griezmann.

Sin embargo, en lo individual, el talento de Ménez quedó suspendido en el mismo salón de niños-problema donde están los de Ben Harfa y Nasri.

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