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Cruz Azul

Paco Jémez: ese calvo Quijote romántico de filosofía tremendamente radical

Para este singular estratega ibérico más valía caer goleado ante el Madrid o el Barcelona siendo valiente que perder 1-0 encerrado atrás.
26 Nov 2016 – 5:40 PM EST

Al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha lo creían chiflado por ir al ataque de molinos de viento imaginando que eran gigantes. A Jémez igualmente la prensa española le tachaba de temerario en exceso por ir a buscarle partido a los colosos de La Liga y llevarse palizas de cinco, seis y hasta siete goles de diferencia con el pobrísimo Rayo Vallecano.

"Me da igual perder por uno que por siete, lo que está claro es que no vamos a defender un resultado corto. Vamos a jugar como siempre, porque no sabemos jugar a otra cosa, se trata de ser fieles a lo mismo. Es lo que entrenamos todos los días. No vamos a hacer nada distinto, vamos a salir a jugar al campo como sabemos", declaró el calvo técnico de camisas planchadas, trajes excelsos y corbatas llamativas una tarde antes de sufrir un 5-1 en contra cortesía de Suárez, Messi, Neymar y compañía.

Pocos entendían su discurso. Mas en el fondo había una lógica secreta: él creía que un cuadro tan humilde como el Rayo de cualquier modo perdería echándose atrás ante blaugranas y merengues, así que lo más práctico sería jugar en el Bernanéu o en el Camp Nou como si jugaran en el campo del Valladolid o del Getafe. A fin de cuentas, por dos equipos invencibles había otros diez que (saliendo en un buen día) era perfectamente factible vencer.


Así salvó del descenso a los vallecanos por cuatro temporadas consecutivas con un equipo conformado por los prácticamente anónimos Roberto Trashorras, Zé Castro, Lass Bangoura y Manucho. Luchando contra gigantes imaginarios, el hidalgo Jémez hizo cabalgar a un flaco corcel en campos dominados por dos caballeros cuyas monturas eran un par de soberbios sementales de pura sangre.

No obstante, cuando el flaco corcel del Rayo exhaló el último aliento Jémez decidió subir a otra montura pobremente asegurada como la del Granada. Si el equipo de los suburbios madrileños solía caer goleado ante los gigantes, ahora con la escuadra andaluza las humillaciones venían contra Las Palmas o contra el Leganés. Le mostraron pues la puerta de salida a la calle.

La pregunta no es si se adaptará a los campos de México, sino si el “Rocinante” celeste podrá con los desvaríos de su nuevo jinete.

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