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Necaxa

Un asado en casa de Nacho Ambriz llevó al Necaxa a vencer a Cruz Azul

Entre todos los jugadores del equipo del 94-95 se dijeron de frente sus defectos y eso los fortaleció para vencer a la Máquina.
4 Jun 2020 – 05:56 PM EDT
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Decir las cosas de frente durante un asado en casa de Ignacio Ambriz y hacer ver los errores de cada integrante del equipo fueron las claves para que Necaxa se proclamara campeón de la temporada 1994-1995. Este 4 de junio se cumple medio siglo de aquel épico día que quedó guardado en la mente de los necaxistas, pero sobre todo de Octavio 'Picas' Becerril.

Para el entonces zaguero de los hidrorayos, lo fundamental fue la humildad del equipo para aceptar sus equivocaciones y, así, sacar lo mejor de cada uno para el partido que cambió la historia de la institución.

"La clave fue en la casa de Nacho Ambriz. Tuvimos un asado previo a la concentración de la liguilla, él como capitán lanzó el primer dardo a unos de los jugadores y ahí empezó todo. ¿De qué se trataba? De decirnos cara cara lo que sentíamos, qué nos estaba haciendo falta, qué estábamos haciendo bien, la exigencia y el compromiso para todos en ese momento. Fue algo impresionante; nos dijimos de todo, salimos fortalecidos, pero todos viéndonos a los ojos", recordó con felicidad Becerril.

"Ahí sabíamos que ese equipo pintaba ya para campeón, porque el compromiso ya estaba hecho, lo demás lo habíamos trabajado, pero ese día después de la casa de Nacho yo siento que fue la clave para que pensáramos en ese primer campeonato para los Rayos del Necaxa", consideró.

Vencer a Cruz Azul en la Final no fue cosa fácil. El estadio Azteca con mayoría de aficionados celestes impresionó a los jugadores de los Rayos; sin embargo, el aliento de sus seguidores fue un empuje hacia el tan anhelado campeonato.

"Llegamos al estadio y el nervio de siempre, empezar a visualizarte como campeón, visualizar cosas importantes, pero también a la mente se te venía qué pasaba si perdemos, tenía que darme unos cachetadones para que no vinieran esas ideas a la cabeza. Una vez saliendo a la cancha vimos que era todo azul el estadio Azteca, pero nos sentimos fortalecidos porque veíamos algunas manchitas rojas que yo sabía que dentro de esas manchitas estaba mucha gente que quería ver a este equipo campeón. Siento que esa fue nuestra fortaleza para sacar ese partido adelante”.

Pero para levantar la copa, el equipo tuvo que imponerse en la cancha, en donde la pasión se desbordó sin cesar. Fue ahí donde Picas tuvo un encontronazo particular con Carlos Hermosillo.

"Yo siempre tuve un pique muy personal con Hermosillo. Con él tuve muchos roces, me ganó muchas veces, le gané muchas veces, pero en esa final me tocó a mí marcarlo personalmente. Nos decíamos de todo, nos insultábamos, nos escupíamos, nos jalábamos el cabello, recordarnos todo todo todo. Al final, yo siento que todo eso se queda en la cancha y después quién lo iba decir que en el tercer título, Carlos se convierte en una figura importante para nosotros en Necaxa y desde ahí empezó nuestra gran amistad. Hoy tengo una gran amistad con él y luego de repente nos acordamos de todas esas malas palabras que nos dijimos, pero ya me confesé”, recordó con simpatía.

Estos momentos marcaron la carrera de Octavio Becerril, quien en constantes ocasiones ha profesado y gritado a los cuatro vientos su amor al Necaxa, equipo que lo lleva tatuado en el corazón.

"La verdad que para mí fue una gran bendición (ganar el título), porque siempre quise ser campeón de liga en el futbol mexicano y, afortunadamente, se me presenta con un equipo como los rayos del Necaxa, ante un marco pletórico en el estadio Azteca, donde obviamente la fiesta fue nuestra, nos robamos el pastel y eso nunca se olvida", sentenció.

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