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Espiral de violencia en “El Pirata”: cuando la Liga MX emuló al sangriento fútbol egipcio

Las comparaciones de siempre con los sucesos en Argentina no bastan para explicar la anarquía y el caos desencadenados en Veracruz.
18 Feb 2017 – 02:56 PM EST
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Las dramáticas imágenes en las cuales hordas enardecidas de barristas veracruzanos cruzan todo el Estadio Luis de la Fuente para confrontar a la barra “Libres y Lokos” de Tigres (a quienes superaban en número y utensilios para causar daño), se parecían a las vistas en 2012 en Egipto cuando más de 70 personas perdieron la vida en un estadio de fútbol.

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Se trató de la Masacre de Puerto Saíd, donde asimismo más de 500 personas resultaron heridas al finalizar un partido de primera división egipcia entre el cuadro local, el El-Masry, y la visita, el Al-Ahly. Como consecuencia de la peor tragedia en la historia de este deporte, el gobierno egipcio suspendió el balompié profesional durante dos años, lo cual afectó gravemente a su selección nacional. Aunque eso, desde luego, fue lo de menos.

De tiempo atrás, los brotes de violencia en estadios mexicanos provocan comparaciones generalizadas con el fútbol argentino, donde la entrada para público visitante se prohibió en 2013. Sin embargo, el caso argentino no se parece tanto al mexicano como sí se parece el egipcio: en Argentina las barras son organizaciones (muy) toleradas por las dirigencias de los clubes, mientras Puerto Saíd fue un caso de vacío de poder y ausencia absoluta de autoridad.

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Aquella noche de febrero de hace cinco años, las barras del El-Masry aguardaron el silbatazo de minuto 90 para cobrarse todas las que se tenían guardadas contra los hinchas del Al-Ahly, el equipo más popular de todo el mundo árabe. Cuando esto ocurrió, centenares de individuos fuera de sus casillas invadieron el campo provocando la despavorida huida de los jugadores visitantes para salvar sus vidas. Pero sus simpatizantes no pudieron huir y acabaron apedreados, apuñalados, quemados y aplastados.

Todo, ante la mirada pasiva de la policía antimotines local. Nueve agentes policiacos fueron acusados penalmente de negligencia, aunque siete de ellos quedaron absueltos, y los restantes dos podrían enfrentar penas de varios años de cárcel o inclusive pena de muerte. Los deudos de las víctimas no quedaron de acuerdo con los dictámenes y siguen clamando que se haga justicia.

En Veracruz: ¿Quién dejó abiertas las compuertas que dividen las secciones del graderío para permitir el desplazamiento de las docenas de agresores a través de todo el estadio? ¿Quién dispuso las inadecuadas medidas de evacuación para los “Libres y Lokos”? ¿Existen protocolos de la autoridad competente para saber cómo reaccionar en situaciones así?

Lamentablemente, la “Libres y Lokos” también fue objeto de abuso de poder por parte de la policía municipal hace no mucho, cuando visitaron el Nou Camp del León. En aquella noche, fueron los uniformados quienes reaccionaron a toletazos y macanazos contra los simpatizantes regiomontanos (un uso desproporcionado de la fuerza). En ese sentido se entiende la colérica reacción de Ricardo Ferretti contra el primer granadero que halló a su paso en "El Pirata".

La noche triste veracruzana no debe verse desde las comparaciones de siempre con Argentina, sino con los dramáticos sucesos de violencia más recientes en el fútbol de otras partes del mundo. Como en Puerto Saíd, donde el balón fue una mera excusa para matar.

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