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Opinión Deportes

Geo González | Homare Sawa, gurú con el 10 en la espalda

Hay quienes quieren portan el número y quienes lo hacen valer en todo lo que realizan.
13 Abr 2020 – 06:23 PM EDT
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Hay quienes quieren y aprenden a llevar el 10 en la espalda, hay quienes lo hacen valer en todo lo que realizan.

- Homare Sawa

El 11 de marzo del 2011 un tsunami azotaba Japón causando tragedia, desastre y dolor. Veinte mil muertos, damnificados y cuantiosas perdidas materiales; argumentos más que válidos para centrar la atención en ello y no en un campeonato mundial de futbol femenil que estaba a tres meses de celebrarse en Alemania.

Con problemas financieros en la preparación y falta de apoyo, la federación, por acuerdo con el gobierno, decide mandar al equipo al mundial, el quinto para su capitana Homare Sawa.

Las japonesas iniciaron venciendo a Nueva Zelanda, golearon a México y perdieron contra Inglaterra para avanzar segundas de su grupo.

En cuartos de final dejaban fuera en la prórroga al anfitrión y favorito Alemania, en algo que si bien sorprendió, lo que más daba era alivio al resto de los equipos de segunda ronda.

En semis Japón deja fuera a Suecia con gol de Homare Sawa y avanza así a la final del campeonato del mundo.

Sí, el equipo que llegaba a este mundial con solo tres partidos ganados en toda su historia de copas del mundo y cuarenta goles recibidos enfrentaría a los Estados Unidos, quienes, lejos de sentir preocupación, estaban plenamente motivadas por la forma en que con gol de ultimo segundo en tiempo extra, habían mandado el juego a penales y derrotado al Brasil de Martha.

Así que además sentían alivio de no tener a las alemanas en frente.

“Antes de cada partido el entrenador nos mostraba fotos de los desastres de nuestro país, yo sentía honor y al mismo tiempo dolor de estar aquí en lugar de ayudar allá. Fue entonces que el grupo, sin decirlo, sabía que lo hacíamos por Japón”, dijo Homare Sawa.

Japón siguió aplicando su estilo de control y toques rápidos cortos y precisos, Estados Unidos el suyo, físico, frontal, aéreo y abierto.

La final estaba empatada a uno en el segundo tiempo extra.

Abby Wambach, la mejor jugadora del mundo con su 1.80, anotaba de cabeza el gol para EEUU. Saboreaban ya la copa del mundo. Homare Sawa organizaba, luchaba y no paraba de repartir juego con calma.

Faltaba minuto y medio, Japón desborda, la delantera saca a la arquera Hope Solo, tira y en la línea la defensa mandaba a tiro de esquina, ¡alivio para Estados Unidos! Se felicitaban y abrazaban sin imaginar lo que vendría después.

“Sabíamos que las americanas son altas y fuertes, por eso decidimos cobrar un tiro de esquina a media altura y a primer poste”, platicó años después Homare Sawa. Y así fue.

Lo que hizo Homare fue inverosímil, se sacudió la marca de Wambach, se fue al primer poste, sin ángulo de tiro, enganchó la pelota de manera magistral, a media altura, de aire, con el talón, pero de espaldas a la portería, pero como que girando, y jalando el pie hacia atrás, ¡no sé! Imposible describir y dando a Japón el empate en el último minuto. Llevando la final del campeonato del mundo a penales.

La toma mostraba a las japonesas en circulo inclinadas en reverencia al entrenador que hablaba calmado, sonriente. Las norteamericanas, poderosas, seguras, implacables, se veían a si mismas vulnerables.

Abby Wambach gritaba pero la mirada de todas era perdida. Shanon Boxx, Carli Lloyd y Tobin Heath fallaron para las norteamericanas y Japón daba a su país un motivo de alegría, de orgullo un mensaje de aliento. Era el campeón del mundo.

El mayor rating en un juego de futbol femenil y en la isla todos despiertos en la madrugada para celebrarlo.

Homare fue Balón de Oro de la FIFA en ese año, se retiró al año siguiente, pero regresó a defender la corona en el mundial del 2015 en Canadá.

La final se repetía, aunque ahora Homare Sawa y Abby Wambach, estaban en la banca.

¡Estados Unidos fue implacable! El marcador indicaba 4-0 a su favor en el primer tiempo, fue entonces que Homare entró a la cancha y logró darle equilibrio al equipo, pero no solo eso, también dio una lección de honor, de Fair Play y calidad humana.

El juego estaba por terminar y Abby Wambach no entraba pese a la goliza norteamericana de 5-2, entonces al minuto 85 entraría de cambio, el público la aplaudió como se esperaba, lo que nadie esperaba y pocos notaron, fue que, quien la recibió en la cancha para estrechar su mano, no fue Carli Lloyd su capitana, fue Homare Sawa la capitana rival. Ella sabía que ambas jugaban su último partido.

Homare Sawa, una diez en toda la extensión de la palabra.

Epílogo

El gol de Homare Sawa es considerado uno de los mejores momentos en la historia del futbol femenil.


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