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Opinión | El quinto Mundial de Rafael Márquez

El 'káiser de Michoacán' debe estar en Rusia 2018. Y debe estar no necesariamente por sus méritos recientes o su estado físico, que no es ideal.
27 Abr 2018 – 2:11 PM EDT

Cuando el gobierno de Estados Unidos hizo pública la sanción contra Rafael Márquez por presuntos vínculos con el narcotráfico, escribí un texto polémico que titulé “La Caída de Rafa Márquez” y que lamentaba la situación por la que atravesaba un hombre que había sido, hasta entonces, ídolo y modelo a seguir para al menos un par de generaciones en México. Aunque no pocas voces criticaron la premura de mis palabras, sigo pensando exactamente lo mismo: la mancha que ha dejado la sospecha del supuesto vínculo ensució la que había sido una vida pública aparentemente ejemplar. Pero el texto aquél no solo hablaba del amargo desenlace que enfrentaba Rafa Márquez en los últimos años de su carrera deportiva. También aproveché para decir lo que pienso repetir ahora: nunca he admirado a un deportista como a Rafa Márquez.


Lo digo de una vez: Márquez es el mejor futbolista de la historia mexicana. A mí nadie me cuenta cómo era Hugo Sánchez. Lo seguí con devoción como cualquier otro aficionado al futbol nacido en México en los años setenta. Hugo fue uno de los más grandes delanteros de la historia del futbol. Pero el hombre de área es un especialista, un artista solo de lo suyo. Márquez, en cambio, siempre fue un jugador de futbol absoluto, completo. Mientras Hugo solo veía el área y el marco (y los veía como pocos), Márquez tenía en la cabeza la cancha entera: las porterías, el círculo central, las áreas…el rectángulo en toda su hermosa e infinita extensión, con todas sus posibilidades a la defensiva y al ataque. Márquez sabía jugarla de mil maneras. Como defensa, su mayor virtud -además de un carácter implacable- siempre fue su sentido del tiempo y el orden. En el Barcelona fue el intérprete de la voluntad del técnico desde el primer tercio de la cancha. Sabía desquiciar rivales con firmeza pero sobre todo con astucia defensiva. Una vez terminada la labor defensiva, Márquez se transformaba invariablemente en armador, un diez con el cuatro a la espalda. A la ofensiva era un mago del trazo largo para saltar las líneas. Veía la transición hacia el ataque como poca gente: en corto o en largo, siempre vertical y al pie, el principio ideal para el estilo hipnótico de posesión de su Barcelona.

Y eso lo hace el mejor futbolista completo de nuestra historia.


Rafael Márquez debe estar en Rusia 2018. Y debe estar no necesariamente por sus méritos recientes o su estado físico, que no es ideal. Debe estar porque merece jugar un quinto Mundial. Debe estar porque su presencia en el equipo servirá de acicate moral y, uno sospecha, complicidad estratégica con Osorio. Pero sobre todo debe estar porque debemos acostumbrarnos a celebrar a los héroes deportivos. Márquez ha dominado el futbol mexicano desde que tuvo la valentía de irse a jugar al Mónaco hace casi veinte años, cuando era solo un chamaco. Es el representante de una generación valerosa que ha servido de ejemplo a los más jóvenes, esos que hoy aún tienen al “Capi” como su compañero. Rafael Márquez merece cantar el himno una última vez en una Copa del Mundo. Sin importar sus problemas legales, sin importar nada. Por un momento, Rafael Márquez merece ser solo el “4”, solo el gran Rafa, solo el káiser michoacano. Solo eso…una vez más.


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