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Uruguay

“Pum, p’arriba”, la loca filosofía detrás del delantero más caradura del Uruguay

Sebastián Abreu ha jugado en un sinnúmero de equipos, hecho goles por racimos e infartado a millones pinchando penales con suavidad.
19 Dic 2016 – 03:27 PM EST
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Muchos sabían ya lo que tramaba el "Loco". Crédito: Gianluigi Guercia (Getty Images).

No es bueno enunciar uno por uno los clubes del “Loco” porque el lector enloquecería haciendo las cuentas. Vale mejor decir que todo empezó en Uruguay; llegó a la Argentina, pasó por España y Brasil, militó en media Liga MX, se marchó a Grecia, después a Israel, pegó la vuelta a Ecuador y Paraguay… Y ahora salió campeón en El Salvador.

Con 40 años de edad y 20 como jugador profesional, Washington Sebastián Abreu Gallo sabe que la mejor lección de su carrera la aprendió pinchando los cobros de penas máximas. En una imperdible entrevista con una revista argentina, reveló el trato recibido cuando Hernán Cristante le tapó un penal peleando el descenso con los Tecos de Guadalajara:

“La piqué y me lo atajó. Me mataron. El periodismo y gente del club. La fecha siguiente decidíamos quién bajaba… Y faltando 15 minutos metí un cabezazo cruzado al ángulo, ganamos 1-0, nos salvamos y todos esos que me mataban se dieron vuelta… Tengo personalidad y les dije: ‘Si antes era un villano ahora no soy un héroe. Disfruten que el equipo sigue en primera, pero yo me voy’. Me ofrecieron renovar, pero yo miro mucho la parte humana, no me como la hipocresía del fútbol: si fui un hijo de p*ta una semana atrás, no puedo ser un fenómeno la siguiente”.

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Cuenta Abreu que durante su trayectoria ha pateado más de 20 penaltis así y sólo Cristante y el arquero brasilero Diego Cavalieri adivinaron el truco: “el veterano hace el recorrido y vuelca; el joven da el paso y vuela”. Cuando, ante la inminencia de los penales, Óscar Tabárez lo metió de cambio en los cuartos de final de Sudáfrica 2010 sus compañeros y todos los futboleros de Latinoamérica sabían que él había entrado única y exclusivamente para pinchársela al portero ghanés Richard Kingson.

A sabiendas de sus locas intenciones, su amigo uruguayo Sebastián Eguren le imploró: “No, no me hagas eso, decime si la vas a pinchar que me tomo ya una pastilla para el corazón”.

Y aquél respondió: “Tranquilo, que mañana pasamos con la firma de la casa”. Dicho y hecho. La Celeste dejó a Ghana sobre la lona y se metió a luchar directamente por una Copa del Mundo por primera vez desde el mítico Maracanazo.

“Muchos se sorprenden de que no tengo canas, creo que las canas vienen por el estrés y por la amargura, pero si vivís pum p’arriba demorás el proceso de envejecimiento”. Así resume la peculiar filosofía personal que pone en práctica cuando falla una ocasión inmejorable y no hay tiempo para lamentárselo (y sí para buscar la siguiente y entonces acertar). “Mi esencia es jugar y por eso me iba (de cada club), aunque resignara dinero”.

En el mundo de la hipocresía del fútbol, un goleador de raza como él debió haber colgado los botines tiempo atrás en vez de arrastrar el prestigio por aquí y por allá. Pero en el loco mundo de Sebastián Abreu, la esencia del jugador es seguir jugando sin importar el qué dirán. Buscar siempre el gol y no bajonearse si éste no llega: decir como él que pum p’arriba.

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