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Ausencia de carisma, la goleada que deja mal parado a Juan Carlos Osorio

La poca empatía que genera Juan Carlos Osorio contrasta con el carisma que mostraba Miguel Herrera en el Tri
19 Jun 2016 – 3:26 PM EDT

La historia de Miguel Herrera como técnico de la selección mexicana tiene un antes y un después; el foco intermedio que marcó el devenir del 'Piojo' en el Tri fue aquel tuit en el que vociferó un apoyo futbolístico con un mensaje político encriptado en 140 caracteres: "Vamos los 'verdes'", lanzó el hoy entrenador de Xolos en plena etapa electoral de nuestro país.

El segundo posterior a la publicación de aquel mensaje que rompía la veda electoral mexicana, supuso la caída en la popularidad de un hombre nacido y hecho para ser el entrenador de la selección nacional. El traje de técnico nacional le quedaba a Miguel Herrera a la perfección, ni el mejor sastre del mundo lo podría haber hecho mejor.

Ser técnico del Tri no es nada más saber de fútbol, escribir con plumas de colores y dictar cátedra de fundamentos tácticos. En México el juego es un negocio, y los jugadores, así como el entrenador son los actores principales en el guión fílmico.

Bonachón, dicharachero, simpático, mexicanote, explosivo y peleonero. Seis de los muchos adjetivos que hacían de Miguel Herrera el entrenador ideal para el equipo. Un hombre con antecedentes en el fútbol nacional, ganador y con un estilo definido, y que también contaba con el carisma para atrapar a la audiencia con sus iracundos festejos y sus respuestas francas. En lo que
refiere a fútbol, el mexicano es tremendamente nacionalista, y le gusta verse representado por alguien forjado en casa.

Basta analizar cómo han sido varios de los entrenadores que México ha tenido. Javier Aguirre es la versión antigua a Miguel
Herrera, tanto en diálogo como en comportamiento. Ricardo Lavolpe y sus polémicas declaraciones, influenzas y hasta vestimentas; Hugo Sánchez y su historia que combina la garra y la mentalidad triunfadora. El mexicano tiene idealizado lo que quiere, más no lo que en ocasiones necesita.

Juan Carlos Osorio acabó siendo el elegido tras la abrupta salida de Miguel Herrera. La hoja de vida del entrenador colombiano
mostraba honores en la academia, perfección en el aula y en el campo, una visión distinta a la hora de estudiar un rival. Podríamos decir que es la versión barata de un enfermo futbolístico como Marcelo Bielsa, el sueño guajiro e imposible de México.

Pero Osorio carece de algo, y es un punto que tarde o temprano le va a cobrar factura: carisma. En un mundo ideal, el colombiano y el 'Piojo' serían la pareja perfecta. Uno con su gran dominio táctico y su pasividad, y el otro con su fuerte carácter y su conexión con la grada.

Al entrenador colombiano se le conoce muy poco en nuestro México. Una terrible experiencia en el Puebla es su mayor carta de
exposición. Más allá de eso, su paso por Inglaterra y su brillante etapa con Nacional de Medellín es una etapa que no le genera mayor nexo con el territorio mexicano. Su identidad con el aficionado es nula.

La idea básica es que el entrenador nacional dé buenos resultados más allá de ser el cómico de la telenovela. Pero sabemos que en México, las cosas no siempre funcionan de la manera correcta.

Nunca veremos a Osorio con un loro en el hombro, ni vendiendo pasta de dientes o anunciando corbatas de dragones. A él lo veremos con plumas de colores, analizando con las dos rodillas en el suelo un partido o dando cátedra futbolística. Tristemente para él, la segunda versión no le genera la más mínima empatía.


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