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Mundial Rusia 2018

Día 14 | Oda al surrealismo mexicano desde el punto más lejano del Mundial

Ekaterimburgo se llenó de la magia mexicana para el partido ante Suecia, incluso con una forma inesperada de clasificar para el Tri a Octavos de Final.
27 Jun 2018 – 05:10 PM EDT

EKATERIMBURGO, Rusia.- No es casualidad que André Breton, considerado el fundador del surrealismo, haya declarado a México como el país que mejor demuestra los elementos de esta corriente.

Si consideramos al surrealimo como la manifestación de la genética cultural de un país o región, México llega a ser tan fascinante como incomprensible hasta para los propios mexicanos, pero los herederos del Valle de Anáhuac, a diferencia de otras civilizaciones, toman aquello que no pueden entender con el mismo humor con el que trascienden sus tragedias.

Me pregunto a estas alturas de la medianoche de la Rusia asiática más occidental qué escritor ruso de la época de los zares se habría imaginado ver una horda de miles de mexicanos desembarcando en uno de sus puertos perfectamente uniformados de verde, disfrazados de tlatoanis o Fridas, con altos sombreros charros y sarapes, sin ser enviados a Siberia.

Esa fue la escena que contemplamos en el aeropuerto de Ekaterimburgo de una entusiasta legión que viajó 11 mil kilómetros para ver un partido de fútbol, de los cuales una buena porción se arriesgó llegar sin boleto y con una cara de felicidad masoquista después de no menos de tres vuelos para arribar.

Es ese México que busca el más mexicano de sus elementos para presumirlo a 10 husos horarios de distancia: desde la máscara de luchador hasta el letrero de destino de un microbús que dice "Pantitlán". En Rusia, el mexicano representa un carnaval que quizás no se vuelva a presentar en lo que les queda de vida, es el que les dice "hey, puedes romper un poquito tus reglas, puedes divertirte más, puedes reír más".

Y no porque los rusos sean aburridos. Todo lo contrario. Los rusos son un pueblo generoso y amable con el visitante, pero sus rígidas leyes han encontrado en este Mundial un periodo de laxitud que les ha refrescado su caluroso verano. Cuando ven a una mexicana disfrazada con una trenza que le rodea la cabeza y cejas pobladas, las rusas le piden una foto a Frida. De repente, cuatro universitarios mexicanos se ven abordados por dos guapísimas jóvenes locales que quieren presumir sus sombreros charros en sus redes sociales.

Los que literalmente ocuparon un bar para poner "Gimmie the Power" del grupo Molotov y el establecimiento que entendió de qué va la cosa y reproduce el Cielito Lindo para complacer a sus visitantes que se quedaron a tomar una cerveza durante el partido.

Los que investigaron del lugar que iban a visitar y supieron que a 20 minutos a las afueras de la ciudad hay un monumento simbólico que ilustra la frontera entre Europa y Asia y juegan a que tienen una pierna en un continente y la otra en el otro.


Los que cambiaron el grito que ha prohibido la FIFA por una línea de una canción de Luis Miguel.

Los de ese país que vio nacer a un Premio Nobel de Literatura -Octavio Paz- que explica que "chingar" puede referirse por igual a una madre, al fracaso o a aprovecharse de alguien, que puede tener una fuerte carga sexual y que tiene tantas acepciones que solo puede entenderse con magia.

A los que el surrealismo mismo les llama para que, después de ser barridos en la cancha, celebren dos goles que cayeron a 720 kilómetros de una selección condenada sobre el campeón mundial para que gracias a ellos clasifiquen a la siguiente fase.

Por todo esto, decir que nunca como hoy había estado tan lejos y tan cerca de casa es lo menos surrealista del día.

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