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Lionel Messi

Opinión | Si Messi no es Dios ¿entonces quién es y dónde está?

Las declaraciones del Papa Francisco nos invitan a un diálogo sobre Messi con dos invitados de lujo: Hegel y Marx.
3 Abr 2019 – 3:34 PM EDT

El escritor argentino Jorge Luis Borges alguna vez dijo que: “Los teólogos definen la eternidad como la simultánea y lúcida posesión de todos los instantes del tiempo y la declaran uno de los atributos divinos.” De modo que cuando el Papa Francisco declaró que “Messi no es Dios” no hizo sino establecer una gran diferencia:

Mientras Dios posee el tiempo, el tiempo posee a Messi tanto como nos posee al resto de los mortales.

Es decir que Messi no es Dios porque, a diferencia de Dios, Messi tiene un principio y un final. Siendo pues finitos los instantes del tiempo que le corresponden al diez blaugrana (del mismo modo que el tiempo del mundo es finito: el mundo tuvo un inicio... y el mundo tendrá un final), la siguiente pregunta es conocer cuál es el lugar de Messi, no en la actualidad del fútbol, sino en la historia del fútbol.

Según los que saben, la invención de la historia como disciplina científica se la debemos a dos filósofos alemanes: Friedrich Hegel y Karl Marx. Sin embargo, entre ambos hay un contraste. Para Hegel el tiempo histórico es lineal; para Marx, es no-lineal.

Redactar la crónica de un partido de fútbol es, si cabe la expresión, un dilema entre ser hegeliano o marxista. Hegel aconsejaría girar el relato alrededor de los goles, describiendo la proporción de acierto y error (dialéctica hegeliana) de modo que el ganador respalda su estatus en el resultado final. Marx aconsejaría relatar el partido en función de un choque de sistemas o formas de organización (dialéctica marxista) para ampararnos contra lo engañoso de los resultados.

Dado que para Hegel el tiempo histórico es lineal, cada genialidad de Messi, cada regate, cada pase imposible, cada tiro libre directo, cada hat-trick, es la expresión cumbre de la totalidad del fútbol. Las comparaciones con Pelé o Máradona son inválidas ya que en el fútbol moderno los jugadores son más fuertes, más veloces y más poderosos que en el fútbol de antaño.


Así que, desde el hegelianismo, Messi encarna el devenir de la historia del fútbol. Es el punto más alto. Pero también es el punto final. Porque los siguientes cracks serán comparados con Messi como a Messi lo siguen comparando con Maradona. El pasado continuará determinando el presente.

Por otro lado, dado que para Marx el tiempo histórico es no-lineal, cada manifestación de superioridad de Messi sobre sus rivales indica que la estructura moderna del fútbol ha sido inclinada en favor de desarrollar delanteros a costa de descuidar otras posiciones como guardametas o defensores. El hecho de que La Pulga sea incapaz de ganar lo ganado por Maradona confirmaría pues que Messi fue producido específicamente para cierta estructura (FC Barcelona) y no para otra (selección argentina).

Así que, desde el marxismo, Messi podría señalar un porvenir de la historia. Ser un punto de partida para cosas más grandes, utopías futbolísticas. Así como fue posible desarrollar un Messi delantero, sería también posible desarrollar otras posiciones a fin de producir mejores equipos y reducir la brecha entre clubes grandes y clubes chicos.

Pese a sus diferencias, Hegel y Marx coincidirían en que un fútbol que endiosa a Messi es un fútbol cuya historia está próxima a su fin: sabiendo qué equipo tiene a Messi y qué equipo no, sería posible escribir crónicas conociendo el resultado de antemano sin necesidad de ver el partido, despojándonos de la emoción de lo incierto.

Así pues, cuando el sumo pontífice afirmó categórico que Messi no es Dios, implícitamente afirmó que (metafóricamente hablando), Messi es un miembro más de esas especies de comunidades eclesiásticas o iglesias llamadas equipos de fútbol. Por brillante que sea su genio, el trabajo de Messi es tan importante e imprescindible como el trabajo del lateral, del zaguero o del guardameta.

El culto a Messi puede llevarnos a perder de vista la esencia del fútbol como la del trabajo en equipo y el sacrificio por una causa común. Por lo que, mientras haya tiempo, el fútbol debe seguir progresando siempre apegado a su espíritu colectivo.

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