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Alex Roldán

Alex Roldán escribe su propia historia, tras decidir entre tres selecciones

El jugador de Seattle Sounders FC expone momentos de su infancia y adolescencia como hijo de inmigrantes centroamericanos, mientras forjó su carrera en la MLS y alcanzó el fútbol internacional con 'la Selecta'.
Publicado 30 Sep 2022 – 09:47 AM EDT | Actualizado 30 Sep 2022 – 09:47 AM EDT
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Alex Roldán Crédito: MLSsoccer.com

En el Mes de la Herencia Hispana, Alex Roldán, jugador de Seattle Sounders FC y de la selección de El Salvador, relató en primera persona para MLS Español varios aspectos importantes de su vida personal y su carrera, desde la travesía que sus padres tuvieron que hacer para llegar a Estados Unidos, su crecimiento junto a sus hermanos Cristian y César y la decisión de jugar a nivel internacional por La Selecta.

Por Alex Roldán

A mis hermanos y mí nos gusta bromear con nuestros padres, deciéndoles que son muy afortunados al tener a sus tres hijos brillando en la MLS.

Probablemente ustedes ya conocen a Cristian, uno de mis compañeros de equipo en Seattle Sounders. Pero mi hermano mayor, César, trabaja en la liga también como preparador físico del LA Galaxy. Así que les decimos a mamá y papá que, en cuanto al fútbol, les hemos dado todo.

Poniendo chistes de lado, lo que realmente ha pasado es es lo opuesto. Somos nosotros lo que les debemos todo a ellos.

Nuestros padres llegaron a Estados Unidos desde Centroamérica en la década de los ochenta; nuestro padre desde Guatemala y mamá de El Salvador. Llegaron a California con muy poco en sus bolsillos y un manejo del inglés muy limitado, pero con ganas de trabajar duro, mejorar sus vidas, y eventualmente las nuestras. Crecimos en una comunidad de gente trabajadora llamada Pico Rivera, una ciudad en un 90% hispana y, como nuestros padres, tuvimos que superar varios obstáculos para poder vivir de este deporte.

Estamos muy agradecidos por lo que ellos hicieron por nosotros. Viajaron miles de kilómetros y se sacrificaron tanto para darnos una vida mejor, para ofrecernos oportunidades que muchos otros niños no tenían, y esos cimientos fueron donde comenzó todo para nosotros. Al mismo tiempo, también fuimos muy afortunados al tener la oportunidad de visitar sus países de nacimiento durante algunos veranos y eso nos permitió estar conectados con nuestra familia y su legado. ¿Cómo fue vivir con esas culturas diversas con las que ahora me puedo relacionar mientras crecía? Fue lo mejor que me pudo haber pasado, tanto en el fútbol como en la vida.

ELIGIENDO ENTRE TRES NACIONES

Esa diversidad más tarde también influyó en mi mentalidad, cuando tenía que decidir a qué país iba a representar a nivel internacional. Tuve la fortuna de ser elegible por tres naciones: El Salvador, Guatemala y Estados Unidos. En ese entonces el seleccionador de Guatemala se puso en contacto con mi padre de manera directa y le dijo de una manera muy insistente que ellos querían que representara a su país de nacimiento. Como pueden imaginar, ese fue un gran honor para mi papá, y al ser él el intermediario eso puso mucha más presión sobre mí.


De niño tengo recuerdos de ver a la selección de El Salvador, y uno de nuestros primos llamado Miguel León jugó para La Selecta cuando éramos jóvenes. Esa fue una de las primeras cosas que me hizo comenzar a pensar en convertirme en un jugador profesional. Cuando el seleccionador de El Salvador Hugo Pérez me invitó a unirme a su equipo mientras intentaba reconstruir ese programa dentro de las competiciones de Concacaf, me sentí honrado, pero a la vez eso supuso una de las decisiones más duras que tuve que tomar.

A diferencia de como pasó con Cristian, la selección de Estados Unidos nunca se había comunicado conmigo. Pensé que quizás podía esperar a que me llamaran, algo que no estaba garantizado, o aprovechar esa oportunidad de construir mi propia trayectoria por mí mismo.

Así que elegí a El Salvador porque sentí que podría crear un mayor impacto en la cancha, y también escribir mi propia historia. Era una oportunidad de ayudar a un país al que quería tanto como a Estados Unidos debido a todo lo que pasé junto a mi familia, a lo que experimentamos juntos. Pienso que quizás defraudé un poco a mi papá, pero al final en él me respaldó, porque él quiere verme triunfar y ayudar a hacer de La Selecta un mejor equipo.

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Alex Roldan, el nuevo seleccionado salvadoreño


En años anteriores, a mucha gente cercana a la selección no les habría agradado que se convocara a jugadores no nacidos en El Salvador. Pero las cosas están cambiando, y se dieron cuenta que podemos competir a un nivel más alto al incorporar a gente como yo desde diferentes partes del mundo para competir juntos, porque todos somos entrenados por técnicos diferentes, y nuestros equipos tienen diferentes estilos. Al reunir todo eso, puedes formar un grupo realmente competitivo, y creo que los aficionados salvadoreños están convencidos y ven que esto puede ayudar a su selección.

Hemos desmostrado nuestro crecimiento en la cancha. No clasificamos a la Copa del Mundo de este año pero llegar a la ronda final de la eliminatoria de Concacaf y haber jugado también la Copa Oro de 2021 muestra el progreso que hemos tenido. Nos estamos ganando el respeto de nuestros rivales, y creo que vendrán aún mejores cosas. El profe Pérez creó un ambiente competitivo y estamos entusiasmados por lo que viene. Ojalá todo esto nos lleve a conseguir un lugar en la Copa del Mundo de 2026.

NO SOLO 'EL HERMANO DE CRISTIAN'

En los Sounders me conocen como ‘el hermano de Cristian’, y eso es entendible: él ha logrado muchas cosas en Seattle. Pero jugar con El Salvador me ha ayudado a ser yo mismo, con mi propia identidad, y estoy muy agradecido por eso. Eso me ha llevado a vivir uno de los mejores momentos de mi carrera hasta ahora: jugar contra mi hermano en dos partidos de las eliminatorias a la Copa del Mundo, el primero de ellos en El Salvador el año pasado con mis amigos y familia viendo desde la tribuna.

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Hermanos y rivales: Cristian y Alex Roldán en el duelo entre EE.UU. y El Salvador


Estaba jugando en el centro de la cancha al comienzo de ese partido, pero más tarde me moví hacia la banda izquierda, justo cuando Cristian entró para Estados Unidos como un volante por la derecha. La cosa no pudo haber salido mejor: terminamos jugando en el mismo sector de la cancha, frente a frente. Recuerdo una jugada en especial, alguien en mi equipo lanzó un pelotazo a sus espaldas para que yo persiguiera el balón. Existe una foto que capturó ese momento en el que ambos estábamos luchando por esa pelota. Fue un momento competitivo que me recordó a cuando éramos niños, solo que este era un nivel más alto, con mucho más en juego.

Creo que tenemos lo mejor de dos mundos. Jugamos para el mismo club en Seattle pero también tenemos esos momentos en los que podemos competir el uno contra el otro. Y esos son grandes experiencias no solo para nosotros, sino también para nuestra familia. Mi mamá tiene una camiseta que es el mitad de Estados Unidos y mitad de El Salvador que lució en esos partidos. Le preguntamos a quién le iría ese día y ella dijo que esperaba un empate. Y eso fue exactamente lo que pasó esa noche en San Salvador.

Mis hermanos y yo hicimos realidad el ‘sueño americano’. Pero también entendemos que esto no habría ocurrido sin el sacrificio de nuestros padres al llegar a este país. Fue una bendición poder haber vivido en ambos mundos, haber obtenido esa perspectiva, y tener ese aprecio a su travesía.


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