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Opinión Deportes

Andrés Vaca | Hasta pronto, tío Mario

Mario era una de esas personas que se quedan para siempre.
23 Sep 2019 – 1:55 PM EDT

Recuerdo perfectamente el momento en que me avisaron que debutaría como narrador de Televisa Deportes. Fue semanas después de haber tenido la fortuna de ser uno de los ganadores del Draft de Voces 2.

"Narras el fin de semana en Monterrey", me dijeron. "Rayados contra Jaguares".

Me acuerdo que fue uno de mis primeros viajes solo.

Estaba muriéndome de nervios, naturalmente, iba a debutar junto a Toño Nelli, Roberto Gómez Junco y Mario Castillejos sin saber que este último iba a encargarse de que todo fuera más fácil.

Por mensaje, Toño me avisó que se juntarían a comer y que estaba invitado.
Cuando llegué todos me saludaron muy amablemente, excepto Mario.

Él me saludó de forma única y natural: transparente, alegre, sin escrúpulos.

"¿Qué pasó mi Vaca? Quita esa cara que parece que vienes cagado".

Esa frase rompió el hielo y automáticamente me sentí en confianza.
Minutos después de conocernos y platicar a todo dar, Mario le pidió al mesero un tequila para mí, argumentando: "Para que se relaje un poquito porque el chavo parece asustado".

Desde ese día supe que Mario era una de esas personas que quieres conocer algún día, de esos sujetos que se quedan para siempre.

No sé si fueron los nervios mismos, pero el tequila me pegó y me sentí medio mareado.

Faltaban 2 horas, así que hubo tiempo para tomar agua.

La transmisión salió a la perfección.

Conforme continué yendo a Monterrey mi amistad con Mario y su socio (Toño) se acentuó.

Fui a Monterrey cada 15 días durante tres años seguidos.

Ahí, Mario se convirtió en mi 'tío', apodo que se ganó por la cantidad de consejos que me dio: de amor, de trabajo, de amigo, pero sobre todo de la vida.

Con él aprendí que la vida es más sencilla de lo que parece, que la edad es un dígito y puedes disfrutar de todos los momentos con una buena actitud.

Aprendí que “lo escrito, escrito está” y que tenemos que disfrutar la vida al máximo.

Algún día me volveré a encontrar con mi tío favorito, ese que me recibió con los brazos abiertos desde el primer día y que lo siguió haciendo cada vez que nos vimos.

Hasta pronto, tío Mario.
Echaré mucho de menos todo lo que formaba a tu persona.

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