México, el país que ya sabe cómo se siente organizar un Mundial

    México se prepara para su tercera Copa del Mundo en 2026, y pocos países en el planeta entienden tan bien como nosotros lo que significa recibir al mundo entero.

    Por:
    Ana Karla Brizuela
    Video El Mundial regresa a México

    México se prepara para su tercera Copa del Mundo en 2026, y pocos países en el planeta entienden tan bien como nosotros lo que significa recibir al mundo entero. No es solo cuestión de estadios y logística, es una mezcla de orgullo, presión y fiesta que solo se vive cuando el balón rueda en casa. Ya lo hicimos en 1970 y en 1986, dos ediciones que marcaron para siempre la historia del fútbol y del Estadio Ciudad de México (Azteca).

    1970: Pelé, el Azteca y el Mundial del siglo

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    Fue la primera vez que un Mundial salía de Europa y Sudamérica. México 70 llegó como una apuesta valiente y se convirtió en una de las mejores ediciones de la historia. Del 31 de mayo al 21 de junio, 16 selecciones se dieron cita en un país que todavía cargaba el impulso de los Juegos Olímpicos de 1968.

    El gran protagonista fue Edson Arantes do Nascimento, Pelé. El Rey llegó a su tercer Mundial buscando cerrar su ciclo dorado y lo hizo con broche de oro. Brasil jugó un fútbol que muchos todavía consideran el más bello jamás visto: fluido, ofensivo, lleno de talento. Jairzinho, Tostão, Rivelino, Gerson y Carlos Alberto formaron una máquina imparable.

    La final, el 21 de junio en el Estadio Azteca, es leyenda pura. Brasil le ganó 4-1 a Italia en un partido que se transmitió a color por primera vez en muchos rincones del mundo. Pelé abrió el marcador con un cabezazo impecable, Jairzinho amplió, Gerson empató temporalmente la historia y luego vino la joya: la jugada colectiva que terminó con Carlos Alberto fusilando el 4-1. Ese gol, con Pelé asistiendo de genio, sigue siendo de los más icónicos del fútbol.

    México cayó en cuartos de final ante Italia (4-1), pero dejó una huella enorme como anfitrión. El Estadio Ciudad de México se consagró como un coloso y el torneo elevó el estándar de organización y pasión en las tribunas.

    1986: Maradona, la mano de Dios y el segundo Azteca

    Dieciséis años después, México volvió a ser sede. Colombia había renunciado por problemas económicos y la FIFA recurrió al país azteca, que se convirtió en el primero en organizar dos Mundiales. Lo hizo pese al devastador terremoto de 1985, demostrando resiliencia.

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    Esta vez el escenario principal fue otra vez el Estadio Azteca, que ya sabía de grandeza. Y el que se adueñó de todo fue Diego Armando Maradona. Argentina llegó con un equipo irregular pero con un genio en estado de gracia. El 22 de junio de 1986, en cuartos de final contra Inglaterra, Maradona escribió dos capítulos eternos en solo cuatro minutos.

    Primero, el polémico: el rebote en el área, el salto con Peter Shilton y la mano que empujó el balón al fondo. El árbitro tunecino Ali Bin Nasser no lo vio. Minutos después, el “Gol del Siglo”: Maradona tomó el balón en su campo, se fue driblando a media Inglaterra (seis rivales) y definió ante Shilton. Una obra de arte individual que todavía deja sin aliento. Argentina ganó 2-1 y luego levantó la Copa tras vencer a Alemania en la final.

    México, una vez más, brilló como organizador. El Estadio Ciudad de México, también conocido como Estadio Azteca, se convirtió en el primer estadio en albergar dos finales mundialistas y acumuló una cantidad récord de partidos. La afición mexicana volvió a demostrar que sabe recibir como nadie.

    Hoy, con la mirada puesta en 2026, México no llega como novato. Ya sabe lo que es llenar estadios, lo que es vivir la presión de ser anfitrión y, sobre todo, lo que significa que el mundo voltee a vernos con respeto. El Azteca, Pelé y Maradona son prueba viva de que cuando el fútbol llega a México, se queda para siempre en la memoria colectiva.