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Juegos Olímpicos

La masacre de Múnich 1972, el día que cimbró al olimpismo

Hace 47 años, 11 miembros de la delegación olímpica israelí fueron asesinados por palestinos.
5 Sep 2019 – 3:52 PM EDT

La historia del olimpismo cambió en muchos sentidos desde el 5 de septiembre de 1972, cuando un comando palestino secuestró a cinco atletas, cuatro entrenadores y dos jueces israelíes en la Villa Olímpica de los Juegos de Múnich.

Ocho hombres fuertemente armados irrumpieron el edificio donde se encontraba la delegación de Israel y ocuparon dos departamentos durante la madrugada del 5 de septiembre.

En el primero se encontraban los oficiales y entrenadores Yossef Gutfreund, Amitzur Shapira, Kehat Shorr, Andrei Spitzer, Yacov Springer y Moshe Weinber. En el segundo, los luchadores y levantadores de pesas Eliezer Halfin, Yossef Romano, Mark Slavin, David Berger y Zeev Friedman.

Un enfrentamiento durante la invasión provocó la muerte de Weinber y Romano, mientras que los otros nueve hombres fueron tomados como rehenes por la agupación que exigía la excarcelación de 234 presos palestinos de cárceles israelíes.

Los Juegos de Múnich fueron apenas los segundos transmitidos vía satélite a todo el mundo y con las competencias suspendidas a raíz del asalto a la Villa Olímpica, 900 millones de personas presenciaron en vivo el horror del secuestro a los atletas, el primer atentado de gran escala ocurrido en este tipo de eventos.

El contexto era el conflicto territorial surgido con la aparición del estado de Israel tras la Segunda Guerra Mundial, que permanece vigente aún a la fecha, por el cual Palestina perdió la mayor parte de su territorio.

El plan de escape de los secuestradores y una mala estrategia de rescate por parte de la policía alemana provocó el desenlace fatal de la tragedia alrededor de la medianoche.

El líder de ‘Septiembre Negro’, bajo el alias de ‘Issa’, exigió un avión para volar a Medio Oriente junto con su equipo y los rehenes. La policía alemana acordó trasladarlos en helicópteros a la base aérea Fürstenfeldbruck, donde un Boeing 727 los llevaría a El Cairo.

Los atacantes fueron emboscados en el hangar con francotiradores inexpertos que eran superados en número por los secuestradores. Un intenso tiroteo de poco más de una hora terminó en la muerte de todos los rehenes y cinco de los ocho secuestradores.

La información que fluyó inmediatamente fue contradictoria. En primera instancia, la agencia Reuters reportó el rescate con vida de todos los miembros del equipo israelí, pero pasada la medianoche, el jefe de prensa de los Juegos Olímpicos, Hans Klein, dijo al periodista de la cadena ABC, Jim McKay, que esas noticias eran demasiado optimistas. A las 3:24 am locales, McKay dio el balance real de las víctimas. Hasta entonces se supo que Weinbrer y Romano fallecieron desde el asalto a la Villa Olímpica.

El presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, presidió un acto de conmemoración a las víctimas la mañana del 6 de septiembre, sin embargo, en su discurso no hizo mención a los fallecidos y enfatizó la fuerza del movimiento olímpico. La frase “los Juegos deben continuar” levantó gran polémica, pues muchas voces pedían la cancelación del resto de las competencias, que solo fueron interrumpidas por 34 horas.

El resto de la delegación israelí se retiró de Múnich el 7 de septiembre, bajo un estricto operativo de seguridad.

Temprano por la mañana el día del ataque, el entrenador de atletismo de Estados Unidos, Bill Bowerman, fue alertado por el marchista israelí Shaul Ladany, quien escapó al secuestro. Bowerman pidió al consulado de su país la presencia de Marines para asegurar a su delegación.

El nadador Mark Spitz, quien ganó siete medallas de oro en aquellos Juegos, también era considerado un potencial blanco de ataques por su ascendencia judía, por lo que se fue con destino a Londres resguardado por guardaespaldas alemanes.

Los años setenta y principios de los ochenta fueron particularmente difíciles para el olimpismo entre boicots, amenazas de bancarrota y el suceso de Múnich. No ha habido otro atentado a atletas desde entonces, pero una bomba en el Parque del Centenario de Atlanta 1996 terminó con la vida de dos personas e hirió a 111.

La política tardaría un par de décadas más en dejar en paz al movimiento olímpico.

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