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Juegos Olímpicos

Guía de la ‘Cidade Maravilhosa’: 9 consejos de un carioca adoptivo para disfrutar de Río 2016

Una lista con algunas de las innumerables razones por las que Río de Janeiro contagiará de alegría a atletas y visitantes y ofrecerá al mundo un espectáculo memorable independientemente de lo que pase en los Juegos Olímpicos.
3 Ago 2016 – 05:33 PM EDT
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Desde la playa a la mayor selva urbana, Río tiene muchas cartas para maravillar a quienes visiten la ciudad durante los Juegos Olímpicos. Crédito: Luis Tejero

RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Caos, desastre, vergüenza, calamidad, fracaso anunciado... Por todas partes llueven críticas, quejas y premoniciones apocalípticas sobre los primeros Juegos Olímpicos que se celebran en Brasil y en toda Sudamérica. Pero del mismo modo que existen motivos más o menos justificados para el pesimismo, también hay innumerables razones para confiar en que Río de Janeiro contagiará de alegría a atletas y visitantes y ofrecerá al mundo un espectáculo memorable.

Desde este viernes hasta el domingo 21 de agosto, cientos de miles de turistas tendrán la suerte de vivir desde dentro la fiesta olímpica. Si eres uno de los afortunados, o afortunadas, aquí tienes nueve consejos de un carioca adoptivo –nacido en España y residente en la Cidade Maravilhosa– para sacarle el máximo partido a uno de los rincones más fascinantes del planeta:

1. Café da manhã

Nada como un delicioso desayuno (“café da manhã”) con pan de queso, bizcochos, frutas, yogures y cereales para empezar el día a lo grande. Tres opciones para todos los gustos: el Forte de Copacabana, con vistas a la playa; el Parque Lage, en un escenario bucólico a los pies del Corcovado; y el más exclusivo Espaço 7zero6, en la 16ª planta de un hotel con una localización envidiable frente a la arena de Ipanema.

2. Los iconos

No es casualidad que todas las guías turísticas y los carteles publicitarios de Río apunten siempre hacia los dos mismos iconos: el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar. Imprescindibles e inevitables, ambos merecen una visita por su posición privilegiada a 710 y 395 metros sobre el nivel del mar, respectivamente. La mala noticia es que, durante los Juegos, la masiva afluencia de turistas previsiblemente saturará los accesos a la emblemática estatua y al monumental bloque de granito. Si eso ocurre, una alternativa es observarlos y fotografiarlos a distancia desde la ensenada de Botafogo (ojo: no se bañen en sus aguas).


3. Kilómetros de playas

Si lo que se busca es un día de sol y mar sin alejarse de las zonas olímpicas y hoteleras, tanto Copacabana e Ipanema (sur) como Barra da Tijuca (oeste) ofrecen kilómetros de arena para vivir la experiencia de las playas cariocas más concurridas. Aunque sea invierno, las temperaturas agradables y la presencia de tantos “gringos” –como los brasileños llaman cariñosamente a los extranjeros– harán que los días de los Juegos casi parezcan domingos de verano. Y eso en Río significa ambiente, mucho ambiente: samba y bossa nova al aire libre, partidos de vóley, futvóley y altinha (“que no caiga”) en la arena, aficionados al surf y stand up paddle en el mar y, sobre todo, cientos de vendedores ambulantes por todas partes. Ocasión inmejorable para refrescarse con un agua de coco, un mate frío con limón o un açaí con guaraná.


4. Una cerveza con vistas

¿Todavía con sed? Sin necesidad de caminar demasiado desde la playa, es hora de pedir una cerveza muy muy fría (“estupidamente gelada”, como dicen los brasileños). Y con vistas, claro. Desde Copacabana, vale la pena el paseo por la avenida Atlântica hasta el Caminho dos pescadores, al final de Leme. Desde Ipanema, en cambio, merece una visita el Mirante do Leblon, un extraordinario balcón sobre el barrio del mismo nombre y que permite ver desde el Cristo hasta el imponente morro de los Dois Irmãos (Dos Hermanos) y la favela de Vidigal. Una tercera alternativa es el tradicional bar Urca, excelente excusa para conocer uno de los rincones más pacíficos y fotogénicos de Río mientras se degustan unos “pastéis” o unos “bolinhos de bacalhau” acompañados de una Original o una Bohemia de 600 ml.

5. Arenas más tranquilas

Los visitantes que prefieran tranquilidad –dentro de lo posible en medio del bullicioso clima olímpico– pueden aventurarse hasta playas más escondidas: Joatinga, Reserva, Pontal, Prainha. Grumari... Otra excursión recomendable es Itacoatiara, en la ciudad vecina de Niterói, al otro lado de la bahía de Guanabara. (Nota: este carioca adoptivo no se hace responsable por los kilómetros de atascos que pueda haber para llegar hasta cualquiera de ellas; en temporada alta, algunos accesos suelen congestionarse ya desde primera hora de la mañana).


6. Pero Río es mucho más que agua y arena

Rodeada de vegetación tropical –la llamada “mata atlântica”–, en esta ciudad uno puede encontrar monos hasta en los cables de luz. Para verlos de cerca, se aconseja una visita al sensacional Jardim Botânico o una subida a los ya mencionados Dois Irmãos, una montaña que se eleva más de 500 metros sobre el océano y proporciona un espectáculo visual inigualable. Para iniciar la larga caminata se debe atravesar en moto-taxi o furgoneta la favela de Vidigal, antes dominada por narcotraficantes y hoy “pacificada” por la policía. Quien prefiera una opción más reposada puede optar por ir en coche hasta la Vista Chinesa, un mirador panorámico en medio del bosque.


7. Pasado y futuro

¿Y el asfalto? Pues sí, la antigua capital brasileña también tiene un centro histórico y merece la pena conocerlo tanto de día como de noche. La opción más bohemia son los barrios de Lapa y Santa Teresa, con sus simpáticos bares y edificios que a veces parecen a punto de deshacerse en pedazos; del primero al segundo se recomienda subir en “bondinho”, un tranvía lleno de encanto. El otro punto de interés es la Praça Mauá, recién reformada y presidida por el Museu do Amanhã, una obra futurista y de inspiración ecológica que sobresale como una nave espacial frente a las aguas de la bahía de Guanabara.

8. Aplauso al atardecer

Si la Cidade Maravilhosa destaca por sus vibrantes playas, verdes montañas y animadas calles, no son menos impactantes sus atardeceres anaranjados. En la piedra de Arpoador, al comienzo de Ipanema, los cariocas incluso aplauden cuando se pone el sol. También deja boquiabierto el fin de tarde en la “lagoa” (laguna) Rodrigo de Freitas, un paseo de siete kilómetros en forma de corazón que puede hacerse caminando o en bicicleta.


9. Un universo de sabores

Y para hidratarse después de un intenso día de playa, montaña, parques o museos, nada mejor que un zumo natural. Las posibilidades son infinitas: maracuyá, naranja con acerola, piña con menta ( “abacaxi com hortelã”)... Dice un amigo español: “En otros países, lo difícil es elegir la comida. Aquí lo complicado es decidir de qué sabor quieres la bebida”.

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