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Juegos Olímpicos

El precio que pagó Soraya Jiménez por el oro olímpico

La salud de la campeona olímpica se mermó hasta llevarla a una muerte prematura a los 35 años.
18 Sep 2019 – 11:01 AM EDT

Los tres segundos que Soraya Jiménez debía levantar 127.5 kilogramos para ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos Sydney 2000 fueron percibidos como los más largos en la historia del deporte de México.

Un ligero giro a su derecha, el temblor de las rodillas y el rostro apretado y rojo dieron cuenta de lo sobrehumano que le representó hacerlo. Cuando sonó la chicharra que dio por bueno el levantamiento, dejó caer la pesa, brincó con el puño en alto y el gesto de sufrimiento se convirtió en la descripción más gráfica de la euforia.

Soraya nunca antes había levantado ese peso y nunca más lo volvió a hacer, al menos en competencia. A los 127.5 kilogramos se le sumaron 95 en la fase de arranque (el levantamiento se hace de un movimiento, en lugar del “descanso” en el envión) para los 222.5 que le representaron ser la primera campeona olímpica en la historia de México.

Pero esos 222.5 kilogramos son los que están en los registros. En realidad, cada competidora debió hacer seis levantamientos, tres de arranque y tres de envión en la prueba y solo los más altos quedaron en los libros.

En seis ejecuciones, todas válidas, Jiménez alzó en total 645 kilogramos. En una sola noche. Literalmente, rompió sus límites.

Pero la salud de la halterista, entonces de 23 años de edad, poco a poco se fue mermando. Pasó en los años siguientes 14 veces por el quirófano para atenderse de la rodilla izquierda, uno de los lugares del cuerpo que más se afectan en este deporte.

Cinco de esas cirugías ocurrieron antes de los Juegos de Atenas 2004, a los que finalmente no pudo acudir para defender su medalla de oro.

Su última oportunidad en el alto rendimiento fue en los Juegos Panamericanos Río 2007 y, paradójicamente, fue el golpe letal a su salud, pues ahí enfermó de influenza tipo B, lo que provocó que le extirparan el pulmón derecho.

Dos años después, también padeció la influenza A-H1N1 que afectó a más de 72 mil personas en México, por la que se suspendieron actividades escolares y laborales en el país. El padecimiento la tuvo en coma por 15 días, pues lo ocurrido en 2007 provocó una pérdida irreparable en sus defensas.

“Me ha dado tres veces influenza y la bacteria acabó con mis defensas. Mi organismo no las produce y una simple gripe me la deben cuidar al máximo porque puede convertirse en neumonía y mandarme al hospital. Sufro de broncoespasmos en la laringe y ya he tenido cinco paros cardiorrespiratorios”, reveló en entrevista a la revista Proceso en mayo de 2010.

Aún con los males respiratorios y una rodilla octagenaria, según el diagnóstico de su ortopedista, Antonio Miguel, en aquel entonces la campeona olímpica corría diariamente 15 kilómetros, nadaba 3 mil 500 metros, y levantaba pesas, de acuerdo a la misma publicación.

Alejarla del deporte, aunque ya no fuera de la alta competencia, era un sinsentido. Estaba en su ADN. Su tío, Manuel Mendívil, fue parte del equipo mexicano de salto ecuestre que ganó la medalla de bronce en Moscú 1980.

Pero Soraya falleció el 28 de marzo de 2013 por un infarto al miocardio mientras dormía en su departamento de la Ciudad de México. Tenía 35 años.

En el funeral, su hermano, José Luis, acuñó una frase que, seguramente sin saberlo, define la historia de la vida de la campeona olímpica: "le costó caro ser leyenda".

No todas las historias tienen finales felices. La de Soraya Jiménez, sin embargo, tuvo un inicio de cuento de hadas, que es lo que permanece en la memoria con el paso de los años.

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