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Cruz Azul

Jorman Campuzano, de dormir en la calle a 'correr' a Marcone

El colombiano, con una vida para Hollywood, ahora podría mandar a Marcone de regreso a Cruz Azul.
28 Abr 2020 – 10:49 PM EDT
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En Boca Juniors ya no cuentan con Iván Marcone, a quien sacaron de Cruz Azul ofreciéndole mayor exposición para cumplir su sueño de ir a la selección argentina y que ahora piensan ofrecerlo de regreso a La Máquina.

El culpable es Jorman Campuzano, y no es que Marcone no haya sido útil para el club xeneize, es que el nuevo DT, Miguel Ángel Russo, decidió darle la confianza tras un año de suplencia y el colombiano más que cumplir, ha sobresalido.

Campuzano tenía claro su sueño desde niño, quería ser futbolista profesional. Su hermano mayor, Frederick, tuvo todas las condiciones para lograrlo, pero Don Arístides, su padre y maestro de química en la escuela del pueblo, lo convenció de seguir sus estudios y olvidarse de la pelota.

Jorman estaba convencido de que su historia sería diferente y a los 15 años partió de Tamalameque, donde los balazos y los confrontes entre guerrilleros y la milicia eran casi el pan de cada día. A su padre le dio la noticia justo unas horas después del fallecimiento de su abuelo, pero para contar con su bendición le prometió que terminaría la preparatoria.


Llegó a Bogotá y lo recibió su tío Asneyer, quien casi nunca estaba en casa. Cayó con el pie izquierdo en su nuevo colegio, por venir de un pueblo pequeño fue increpado por otros compañeros en su segundo día de clases, pero de inmediato los confrontó y mostró que él no sería blanco de burlas.

Al día siguiente, un compañero le advirtió que los chicos con los que había reñido lo esperarían afuera del colegio con navajas. Logró salir unas horas antes del fin de clases gracias a la benevolencia del portero y jamás volvió.

Engañó a sus tíos por un mes, salía de casa a las 6:00 am diciendo que iba a la escuela y en realidad se perdía por la ciudad hasta que daba la hora de salida y volvía como si nada.

Uno de esos días sin clases, se acercó a una cancha donde vio a algunas personas jugar y pidió que le dejaran unirse. Jorman marcó varios goles y dejó impresionados a todos. Sin dudarlo, aquellos chicos lo invitaron a formar parte del equipo a cambio de 50 mil pesos colombianos (cerca de 12 dólares) por partido.

La Equidad, equipo de Primera División, le ofreció quedarse a hacer pruebas con ellos tras haberlo enfrentado con su anterior equipo. Estas serían en enero, por lo que volvió a su pueblo para pasar las fiestas, sin embargo, no lo recibieron como esperaba. Su padre le soltó el 'palo': "Te quedas a estudiar o te olvidas de nosotros".

Destrozado, de algún modo el joven consiguió el dinero para volver a la capital de su país, pero ya no en casa de sus tíos, que no pudieron recibirlo más, "los primeros diez días dormí en la calle, abajo de un puente. Hasta que finalmente pude contactarme con un amigo que vivía allá", contó para el diario Olé.

"Caí muy bien en los indigentes, con las personas de la calle, a veces hacíamos arroz con algún huevo, era lo más económico, eso fue lo que más me marcó a mí; fueron los 10 días más duros de mi vida, pero también los 10 días donde más aprendí que debía luchar por mis sueños", comentó a TN.

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John Fredy fue quien le dio asilo y quien lo recomendó con el equipo de ' La Chispita Dorada', una pollería donde el primer día le tuvieron que fiar un plato de sopa porque no tenía ni un peso en la bolsa. El dueño, Úber Neira, le dio unos minutos en el partido del fin de semana y al mostrar su calidad, le dio trabajo en su negocio.

Poco a poco, el estima se convirtió en confianza y lo llevó a vivir con él y su familia, "fue como un padre", confesó Campuzano para Thomas Blanco Lineros de El Espectador.

El golpe más grande vino solo un tiempo después. Visores argentinos lo llevaron a hacer pruebas a Banfield y dejó buenas impresiones. Volvió a Colombia y recibió la llamada que esperaba, lo querían de regreso para firmarlo, le enviaron el dinero del vuelo a Buenos Aires pero Campuzano nunca lo recibió, se quedó esperando.

Cuando estaba a punto de abandonar el sueño y volver al pueblo, vio en Facebook que el Deportivo Pereira haría pruebas los siguientes días. La ciudad donde haría su último intento por volverse profesional está a más de 300 kilómetros de Bogotá, implica un viaje de cerca de 7 horas, por lo que decidió vender su celular para pagar el pasaje.

A las pruebas llegaron 400 chicos y ahí el destino le hizo una última jugada. Campuzano había sido toda su vida delantero centro, pero ese día, sin razón aparente, decidió formarse con los defensas. Pasó los filtros hasta quedar en el último equipo piloto. Jugaron contra el cuadro Sub-20 del club y tras agradecer a todos, el entrenador Hernán Lisi informó que se quedaría solo con un hombre: Jorman Campuzano, a quien de inmediato le avisó "no te veo como central, te quiero como contención".

El momento fue un choque de emociones, quería llamar a su familia pero no sabía el número y había vendido el celular donde lo tenía guardado.

Rubén Darío Marín, jefe de seguridad del equipo, le extendió una mano, lo sacó de la casa hogar donde dormía y lo llevó a la suya con una condición, le impondría una disciplina casi militar con el único propósito de que no se desviara de su objetivo, convertirse en figura.

Jorman no tardó en volverse referente y a los 21 años cumplió el sueño de su padre, firmó con el equipo de sus amores: Atlético Nacional, el más grande del futbol colombiano.

En 2018 recibió su primer llamado a la Selección Colombia y en enero de 2019 confirmó su transferencia a Boca Juniors, donde llegó como suplente. Con Gustavo Alfaro no disfrutó de muchos minutos, habían gastado mucho dinero, 8 millones de dólares en Iván Marcone y él era el titular.

Con el cambio de administración en los Xeneizes llegó Miguel Ángel Russo y no dudó en darle la confianza, la cual ha respondido con creces. Hoy Marcone ya no tiene lugar en Boca y el chico que tuvo que dormir en la calle podría enviarlo de vuelta a Cruz Azul, de donde se fue mal por su deseo de unirse al club 'bostero'.

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