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Desde Melitón hasta Iker pasando por Reina y Ochoa: la portería es ingrata

Para ser guardameta hace falta tener piel gruesa de reptil, nervios de acero y estómago que aguante.
7 Mar 2017 – 10:45 PM EST

“La mejor atajada siempre es la siguiente”, dijo Pepe Reina tras detener milagrosamente un disparo desviado en el último minuto de la histórica victoria del Nápoles en el Olímpico de Roma.

Bueno, no; no lo dijo así tan corto. Sus palabras completas fueron: “La atajada más bella de mi carrera es una que no he hecho aún. Sé que le ayudará muchísimo a mi equipo”. La frase por sí misma encierra una belleza tan sublime como una verdad tan inobjetable: los porteros no pueden vivir del pasado.

Guardameta que vive de viejas glorias, guardameta que de antemano colgó los guantes y todavía no se da cuenta. El gesto triste de Gianluigi Buffon en el Olímpico de Berlín tras caer derrotado con su Juventus ante el Barça por el título de la Champions del 2015 a muchos hizo olvidar su gesto feliz cuando ganó el Mundial 2006 con su Italia en ese mismo estadio.


Según la mitología romana, el dios Jano es la deidad de los inicios, las transiciones y los finales. Tiene dos caras contiguas: una mira hacia el pasado y la otra mira hacia el futuro.

Jano bien podría ser el dios de los arqueros. Porque simboliza los polos opuestos odio/amor, menosprecio/idolatría que rodean a este raro tipo de futbolistas. ¿Matas a Ochoa por los errores constantes con el Granada pero no recuerdas que querías hacerle un monumento cuando le tapó el cabezazo a Neymar?

Iker Casillas y el Real Madrid. El joven que saltó al campo de cambio en ‘La Novena’ cuando César (el portero titular) se lesionó, y que resguardó la casa merengue ante los embates del Bayer Leverkusen. El adulto que se comió el gol de Diego Godín en Lisboa y que, (de no haber sido por Sergio Ramos), hubiera costado ‘La Décima’.


A fin de cuentas, Reina, Ochoa y Casillas son guardametas famosos que al menos podrían presumir su pasado buscando consuelo. La tragedia más grande es la del guardameta sin viejas glorias que presumir. Piensa en Melitón Hernández, cuyas equivocaciones costaron al Veracruz un pase a semifinales hace algunos años y cuyas equivocaciones podrían costar un descenso a segunda división.

Sin embargo, si la portería no fuera tan ingrata (y esa valentía de seguir queriendo atajar a pesar de los pesares se apreciara tanto como debería apreciarse), diríamos que Melitón es un héroe anónimo por todo aquello que ha hecho y que nadie dice.

Ser portero implica tener piel gruesa de reptil, nervios de acero y estómago que aguante. Sí, eso implica. Pero también implica tener memoria de teflón: ubicarse entre postes y pensar que la mejor atajada siempre será la siguiente.

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