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Racismo y homofobia en el fútbol ruso

Rusia ha demostrado su intolerancia en cuestiones de raza y de sexo. Desde gritos de mono hacia futbolistas de color hasta pasajes de avión que regaló una TV para sacar a los homosexuales del país.
30 May 2018 – 3:53 PM EDT

El fútbol, según se suele afirmar, es un fiel reflejo de la sociedad. Recorriendo el camino inverso de esta premisa podemos llegar a la conclusión de cómo es el fútbol de Rusia basándonos en lo que se ve en su sociedad. Un ejercicio necesario en el caso de la homofobia, tan arraigada en el corazón ruso, ya que los jugadores y otros protagonistas no confiesan -salvo casos excepcionales- sus preferencias sexuales.

El mundo del balompié es brutalmente cruel para explotar cualquier diferencia en los rivales, para incomodarlos mental y/o físicamente con tal de obtener una ventaja en el juego. En muchos casos, sin embargo, es solo la violencia verbal inútil, la burla amparada en el anonimato de la masificación. Si a esta oscura base le agregamos una sociedad conocida por su intolerancia, el combo resulta explosivo.

La sociedad rusa, que de ella estamos hablando, gestó un programa de televisión en el que se ofrecían billetes de avión -solo de ida, por supuesto- a los miembros de la comunidad LGTB que quisieran abandonar el país. Mediante su presentador, Andrei Afanasiev, se invitaba a los interesados a demostrar su homosexualidad con un certificado médico que confirmara "la sodomía u otras formas de perversión". Y cerraban con un elocuente mensaje: "Buen viaje, pervertidos".


Este no fue un show de TV de hace una década. Tampoco pasaron cinco años, sino que fue en julio del 2017, a menos de un año del inicio de la Copa del Mundo. Esa es la sociedad, el entorno, en el que se jugará el próximo Mundial.

Para hacer más grave el problema, el gran controlador que debería ser el Gobierno avala tácita y efectivamente la discriminación por razones de sexo. En el 2013, el presidente Vladimir Putin sancionó una reforma que pretendía acabar con la "propaganda homosexual", en la que se prohíbe la adopción de menores de edad por parejas del mismo sexo, ya sean nacionales o extranjeras.


Si todo lo anterior no bastara para pintar el cuadro que se vive en Rusia, y por ende en su fútbol, también hay denuncias de que existen en Chechenia lugares similares a campos de concentración para homosexuales. Algo por lo que la comunidad LGTB presentó denuncias formales ante varios organismos internacionales, pero sin obtener un resultado concreto.

Ante este preocupante panorama, la red mundial Football Against Racism in Europe (FARE), lanzó una guía para ayudar a la comunidad LGTB a sobrevivir en tierras rusas. Bajo el título "Vayan al Mundial, pero sean prudentes", esta agrupación preparó un manual con recomendaciones sobre cómo comportarse para evitar provocar a los rusos. Como si les hiciera falta alguna provocación...

En este contexto, ¿alguien podría esperar que el ambiente del fútbol ruso fuera un dechado de tolerancia?

Si de intolerancias se trata, los que sí salen a la luz pública son los casos de racismo que se han vivido en el balompié de ese país. El más reciente fue la ofensa, con insultantes gritos de mono, que la afición rusa les dirigió a los franceses Ousmane Dembélé y Paul Pogba en el amistoso entre Francia y Rusia, por el simple hecho de ser portadores de una piel morena.

El pionero en recibir la simiesca burla fue el brasileño Hulk, quien a lo largo de los años se convirtió en el abanderado de la lucha contra el racismo en Rusia. Contratado en el 2012 por el Zenit de San Petersburgo en más de 60 millones de euros, el delantero fue inmediatamente el centro de odios y resquemores. Comenzó a recibir, en cada estadio, estas onomatopeyas ofensivas.


Lejos de amedrentarse o esconderse, Hulk contratacó: "Creo que esta gente no tiene cultura. Yo respeto a los futbolistas de todos los colores de piel y de todas las orientaciones sexuales. Estos aficionados que insultan a la gente de otro color no piensan".

Dos años más tarde, Hulk denunció al árbitro Alexei Matyunin por propinarle supuestos insultos xenófobos durante un partido, algo que el colegiado desmintió y que la investigación posterior no pudo probar, o no realizó mucho esfuerzo por hacerlo.

Hace tres años, cansado de recibir agravios durante años, el atacante alertó sobre este flagelo de cara a la Copa del Mundo, tocando deliberadamente una fibra muy sensible. "Si esto ocurre durante el Mundial del 2018 será verdaderamente escandaloso y feo, el mundo entero lo verá", anticipó.

Desde ese momento, el Zenit lanzó una original y divertida campaña en la que aprovechaba el apodo del jugador (su nombre real es Givanildo Vieira de Souza) para hacerlo ver como que tenía fuerza sobrehumana. El resultado de esta movida publicitaria no llegó a verse en su totalidad porque el brasileño partió hacia el fútbol chino en el 2016, tentado por los ingentes millones y cansado de pelear contra gigantescos molinos de viento. Será Hulk de apodo, pero no es un superhombre.


El de Hulk es apenas un caso de muchos en el fútbol ruso. A poco de que comience a rodar la pelota en el Mundial, el problema de la discriminación se ha atenuado. Creer que ha desaparecido sería ilusorio. De hecho, la FARE elaboró un informe en el que dice haber registrado 89 agresiones racistas en la temporada 2016-2017. De la actual todavía no hay resultados...

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