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El estadio de boston le dirá adiós. Gracias por participar a una de las dos elecciones que chocan el día de hoy.
Y a la que le toquen las golondrinas puede ser alemania o paraguay. Seguramente los seguidores teutones pensaron que era un partido de trámite y ya se estaban saboreando los octavos de final.
Como este compa que traía la buena onda a todo lo que daba. Hoy nos vamos a ecuador, ¿no?
Todos los de condebó. Mandó mensajes hasta berlín avisando dónde iría a festejar y que seguramente iba a estar bien.
Pero la cosa comenzó mal. Sus paisanos, las torres de enfrente, no lo dejaban ver.
Y peor aún, los guaranís pegaron primero. Lo que pasaba en la cancha se reflejaba en la cara del amigo.
¡ahhh! ¡santiago, santiago!
Hasta que por fin la mannschaft empató. La buena sensación se esfumó cuando anularon el segundo gol y el tiempo extra concluyó.
Luego todo se agudizó en los malditos penales. Anotó paraguay y ahí sintió un retortijón, como los de la bendición.
El color le regresó cuando entró el de alemania. Pero cuando marcó paraguay sintió cómo le imprimían el pase de abordar para el retacho.
En la noche, cuando fallaron los paraguayos, se volvió loco. ¡ahhh!
¡ahhh! ¡ahhh!
Los suyos fallaron el bueno y los no suyos anotaron, se acabó. Moraleja, no festejes antes de que haya acabado, porque si no, te van a atundir en el colorín colorado.