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Platillo de lujo en toronto con las elecciones de croacia y portugal buscando el boleto a los octavos y obviamente lo llamativo del asunto es ver a san bicho, ese mero, cristiano ronaldo y su última oportunidad para llegar hasta la final y coronarse en la copa del mundo. El resto y también los croatas tienen otros datos, ven a modric como único rey y también estará en escena, algo digno de celebración y vaya que lo hicieron.
Después marcharon para la buena vibra, para organizar todo durante el encuentro pero alejados del estadio, no querían chivos expiatorios pero no, alguien los vigilaba. Este amigo llegó sin hacer ruido, observaba todo el movimiento.
Con sigilo y eso sí, el papel de hacerse güey le salía a la perfección y lo cachamos en la movida, todo lo grababa con sus gafas en diferentes puntos y nadie lo notaba. Mandó un mensaje de lo que hacía para recibir la llamada e instrucciones.
Ok, perfecto, perfecto lo hacemos, ok, cambio y fuera. Se acercó con el que tenía más cerca para hacer la prueba.
Güero, güero, menso, güero, güero, güerito, no, no me escucha o no me entiende. Y continuó.
Pero algo sospechó y le hizo al jaudini. Nos están torciendo, eh, nos están torciendo, dile a los muchachos, el que trae gorra.
Cuando los croatas se habían ido, él apareció, dispuesto a mandar el informe, solo que ya estaba más que ubicado. A ver, a ver, a ver, ¿a dónde?
¿a dónde? No te hagas.
A ver, cristiano. ¿ahora qué, ahora qué?
Uy, ¿cómo le hace? Uy, sí, sí le hace.
A ver, cristiano modric. Modric.
Ah, sácate, llégale. Pues no que muy espía.
Ni entró al juego, ni vio al bicho y se fue todo atarantado. No le quedó de otra que ver el colorín colorado.