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Segundo juego del tricolor en la copa del mundo y esta vez tocó en guadalajara, ante los coreanos. Y como ya es costumbre, nos pintamos solos para ser buenos anfitriones.
Quien si no quería sufrir lo que sus paisanos, fue este compa, que pensó, si me visto de verde, no me identificarán, vamos a ver. Primero, buscó desesperadamente donde vaciar la vejiga, hacía escalas para capturar lo que le llamaba la atención.
Por fin, había encontrado un espacio vacío, bueno, más o menos. Hizo fila tratando de no llamar la atención, pero no lo logró, lo barrieron y le tomaron foto.
Este chichín era el secreto mexicano. Ya que había llevado a cabo la micción, salió, tratando de no ser reconocido, pero pues también le falló.
Aquí aprovechó unos metros para marchar con la banda mexa y sentirse uno de ellos. Trató de entender los símbolos que habían y siguió su andar junto a otro grupo.
El calor lo estaba matando y tuvo que hacer escala en el punto de la cebada, con los nervios a flor de piel, para no ser descubierto. Y volvió a fallar.
Pensó, otra vez había ganado la batalla, pero faltaba una prueba más. Pedir cerveza, analizó como pedían los demás para cuando llegara su turno, y creyó estar preparado hasta que llegó su momento.
¿qué le damos mi joven? ¡hora!
Misión cumplida, disfrutó de su cheve y entró al estadio sin contratiempos. Como todo coreano abusado, se rifó en el colorín colorado.