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En la húmeda filadelfia, franceses e iraquíes miden fuerzas en la copa del mundo. Sí, la francia de mbappé y la irak de cepillín.
Todo era una alegría inmensa, todo era cotorreo hasta que la mera mera hizo su aparición. A ver, a ver, a ver, bájele su madre, bájele.
Pero ya entrada en calor, no le hizo el feo a la fiesta. Le pidió desesperada a cepillín que tomara foto.
Saludó a los jugadores y casi se desmaya de la emoción al verse en las pantallas. Eso sí, mientras la ceñito estaba en el coto, el esposo cuidaba a la criatura.
Vamos a pintarnos la francia. Y aquí empezó el martirio, sacó la estampita y le imploró ayuda.
Vamos a la, vamos a la, ayudanos a la. Porque la cosa no pintaba bien, los franceses estaban encima.
Mientras el esposo cambiaba pañales, la ceñito cotorreaba con el coto. Le dejó el dejunto y aguas que le interrumpieran.
¿dónde están los pañales del niño? No, los puedes buscar tú, que no ves que estoy ocupada, no lo toquen el señor.
Aquí el mártir, ya sabíamos quién era. Y las miradas coquetonas apuntaban a uno de azul en el campo.
Eso sí, toda discreción. Es un árbol guapo, se ve muy bien, se ve muy bien.
Y alala castigó, gol de francia. No, no.
Pero se arrepintió de los pensamientos chocarreros y le pidió a su santito otra ayudadita. Prometiendo que ya se iba a portar bien.
Vamos a orar, niños, para que paren el juego, algo tiene que pasar. Vamos a orar.
El favor estaba pedido y el deseo concedido. Tormenta eléctrica y suspensión del juego.
Ale, ale. Pero el gusto le duró como una hora.
Después, los franceses se desquitaron. 3-0.
Así que abusado, si te encuentras a la doña y no quieres acabar empapado, mejor invítala a ver el colorín colorado.