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Querida guadalajara, te confieso que incluso antes de tener un uso pleno de conciencia, ya eras uno de mis lugares favoritos en el mundo. Te cuento, en la pequeña televisión a blanco y negro que había en la sala de la casa, donde meses antes habíamos visto a un hombre descender de una nave sobre una superficie llena de huecos, parecía que aquel número 10 de brasil no existía, que era un mito, que era parte de nuestra imaginación, que nos engañaban.
Entre cortes, líneas de pantalla, variaciones en la señal, alcanzábamos a distinguir sus movimientos en la cancha, sus goles, pero no conocíamos su sonrisa. Esa la conocimos por primera vez aquí, contigo.
Lista la cámara 2, lista la cámara 3. Robando circuitos de audio y video.
Hace más de 50 años, cuando un milagro sucedió a otro. La tv, televisión y pelea a colores desde el estadio jalisco.
Desde entonces, te respeto como una especie de meca futbolística. Amo tu pasión por el juego, tu amor por tus equipos.
Amo tu capacidad para hablar todo el día de fútbol. Amo tu fuente de la minerva, tu catedral, el teatro de goyado, tu fiesta, tus olores, tu feria, tus sabores, tus ritmos y tu mariachi.
Tendrás algo que nunca has tenido, a la selección de todos los mexicanos en un mundial de fútbol. Y te pido por favor, guadalajara, debes abrazarla, protegerla.
Apoyarla, entregarte a ella, ahí te la encargo, cuídala, guadalajara, cuídala como si fuese mi pelé, su sonrisa a colores de 1970.