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Opinión

Ricardo Otero | El deporte y las redes sociales: el carpe diem exacerbado

¿Qué habría sido del Brasil de México 1970 o del Dream Team de Barcelona 1992 en la era de las redes sociales? Tal vez nos falta paciencia para disfrutar más del deporte.
2 Mar 2021 – 08:13 PM EST
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Vamos a imaginarnos estos escenarios de historias del deporte en la actualidad, en la era de las redes sociales y la hipercomunicación.

Una selección que fue grande, pero que como campeón defensor fracasó en el Mundial anterior, con 10 cambios de entrenador desde entonces, con su más grande figura dudando sobre su compromiso con el equipo y aparentemente en un nivel más bajo que el de hace no muchos años.

Otra selección, tiempo después, con un panorama similar: también fracasó en un Mundial como campeón defensor y de la selección que ganó la Copa del Mundo ocho años atrás, no se convocó a nadie; su gran estrella pasó sin pena ni gloria en un equipo grande y ahora intenta abrirse paso en uno pequeño. Clasificaron “de panzazo”.

Los planetas se alinearon para juntar a las más grandes estrellas del basquetbol en un equipo. La misión: ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Puede parecer el triunfo más cantado de la historia, pero la estrella del equipo –entre las estrellas– condicionó su aparición en el equipo a costa de sacar a otro y perdieron de manera clara en un amistoso con jugadores colegiales. Manejar ese vestidor luce como una tarea abrumadora.

Las tres situaciones son reales, pero como dije, no son de esta época. Hay pistas por las que tal vez ya identificaron estas historias: Brasil de México 1970, Argentina de México 1986 y el Dream Team de Barcelona 1992.

Al día de hoy, se trata de tres historias fantásticas de éxito que ocupan un lugar privilegiado en la memoria del deporte. No es para menos: el desenlace es el de Pelé y Maradona encumbrados en la cima del futbol y el mejor equipo de cualquier deporte que se haya visto jamás, encabezado por el mejor basquetbolista de todos los tiempos.

Pero esa memoria se formó a costa de muchas turbulencias, decisiones controversiales y derrotas, sí, incluso de los invencibles.

El ciclo mundialista de Brasil antes del Mundial de 1970 fue de cambios constantes de entrenadores, un Pelé que después del torneo anterior pensaba en no jugar más con el Scratch y el poco crédito de su afición antes de embarcarse en el viaje.

Carlos Salvador Bilardo prescindió de todos los jugadores campeones de Argentina 1978 en casa, algunos todavía en gran nivel como Daniel Passarella y Ubaldo Fillol, para viajar a México, mientras Maradona aún trataba de lavar un paso gris el Barcelona. Esa fue la Argentina que pasó de la "Mano de Dios" al "Gol del Siglo" en cuatro minutos y a su segundo título mundial en una semana más.

Pocos recuerdan que para que Michael Jordan fuera parte del Dream Team, hubo que prescindir de otra superestrella, Isaiah Thomas, por la rivalidad que mantenían. El triunvirato de Jordan, ‘Magic’ Johnson y Larry Bird no pudo ser un reino de cuatro en un equipo que tuvo a 11 miembros actuales del Salón de la Fama, pero que perdió en un entrenamiento con colegiales. Todos nos quedamos al final con las imágenes de las jugadas de fantasía de aquellos fenómenos del baloncesto en el Pabellón de Badalona y las palizas que propinaron a sus rivales en el camino al oro olímpico.

¿Habría sido diferente de ocurrir estas historias en la actualidad? Quizás la percepción sí. Con la propagación de las redes sociales, el presente es ley y todo se juzga con base en el último partido o incluso la última jugada. Cristiano Ronaldo es el mejor de todos los tiempos si hace un doblete el sábado a las 11:00 am, pero ese honor se lo arrebata Lionel Messi tres horas después con un hat-trick.

La era de Rafa Nadal en Roland Garros terminará con un juicio sumario en su próxima derrota en la arcilla de París, aún cuando sea apenas la tercera de su carrera ahí.

Nos sobra el asombro, pero nos falta paciencia para disfrutar el deporte en nuestros días. Ninguna historia se construye solo con el último disparo a la portería o con el resultado en 90 minutos.

Podemos tuitear rebasados por nuestra emoción porque, caray, carpe diem. Claro que sí. Pero recordemos que el Scratch du Oro tuvo a 11 entrenadores en cuatro años antes de que Pelé brincara dos veces: una para cabecear el balón y otra con el puño en alto para celebrar ese gol en el Estadio Azteca, en uno de esos pocos disparos que sí definen la historia.

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