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México

Antonio "La Tota" Carbajal y su pasión por ayudar

A 50 años de haber jugado su quinta copa del mundo, dedica buena parte de su tiempo a ayudar a niños y jóvenes con problemas con las drogas.
19 Jul 2016 – 12:27 PM EDT

Por Omar Carrillo

Antonio 'La Tota' Carbajal no se detiene nunca. Ya había advertido al periodista con anticipación de lo apretado de su agenda, así que no hay engaño alguno.

Hace un par de horas que grita bajo el sol y se mueve con ansiedad, y con pasos cortos de un lado a otro sobre un campo de fútbol polvoriento con dos pequeñas porterías en los costados.

No importa el calor -que este año ha sido especialmente elevado en los últimos días de mayo en León, Guanajuato, y sobre las 11 de la mañana está cercano a los 30 grados centígrados- ni sus 87 años.

Él grita, manotea, enseña, dirige. Son unos 20 niños de entre 10 y 18 años que le obedecen con pleitesía. Todos ellos están aquí por la misma razón, la vida los llevó al uso de drogas y alcohol. Ahora mismo están tratando de dejarlos atrás.

Un par de chicos más quitan las piedras a un jardín en una de las cabeceras del campo, no a todos les gusta el fútbol, pero hay que mantenerlos ocupados.

Se le mira fuerte y entusiasta, hacia al final de la charla eso mismo agradecerá: la lucidez y el entusiasmo para tener un proyecto y servir a otros.

Parado ahí y gritando con un vozarrón que intimida, los niños y jóvenes le obedecen sin chistar.


Cinco décadas atrás
No es difícil adivinarlo hace 50 años gritando de la misma manera y dirigiendo a sus compañeros bajo los tres postes del arco del Tri, la tarde lluviosa del 19 de julio en Wembley ante Uruguay.

Ese día pasó a la historia del fútbol mundial al ser el primer futbolista en jugar cinco Copas del Mundo y solo el alemán Lothar Matthaus lo ha repetido. De paso se retiró del fútbol.

Ni él ni nadie estaba seguro que jugaría en aquella competencia. En un principio ni siquiera sabía si asistiría, pero cuenta que unos meses antes de aquel día tuvo con el León “el mejor partido” de su vida en el último duelo de Liga que disputó en México ante el Toluca y ahí se ganó su lugar.

Sin embargo, el titular era Ignacio Calderón y 'La Tota' viajó de suplente. Días antes ya elucubraba que era el momento del retiro. La única que lo sabía era su mujer e incluso en el viaje rumbo a Inglaterra ese fue el principal motivo de sus cavilaciones.

Pero nunca se imaginó que se daría como se dio. La noche del 18 de julio, ignacio Trelles, el técnico del Tri en aquella oportunidad, le dijo que jugaría ante Uruguay.

Era el tercer duelo de la Selección Mexicana en esa Copa. Ya había empatado a un gol con Francia y perdido ante Inglaterra 2-0.

El escenario era perfecto, una de las catedrales del fútbol, Wembley, ante un campeón del mundo, Uruguay, y en el único duelo en que no le anotaron gol en un Mundial. No se lo pensó y tras convertirse en leyenda, decidió decir adiós.

De aquel día solo conserva los recuerdos, el súeter lo regaló a Guillero Cañedo, directivo de la FMF, al terminar el encuetro.

Los tacos -que al igual que el suéter usó toda su carrera por cábala y que ya al final de su trayectoria prácticamente se caían a pedacitos- los donó para que se subastarán en un teletón para las víctimas del terremoto de la Ciudad de México en 1985.


Un lugar mágico
En su casa tiene dos cuartos, una cantina y un salón de juegos, plagados de fotos y reconocimientos en las paredes. Es un recorrido histórico en el que se le mira joven, viejo, junto a políticos reconocidos o niños desválidos. Jugando al fútbol o disfrutando con amigos. Cuadros de escuelas o de estados, de mil instituciones famosas o no, reconociendo o dando las gracias al exjugador por su brillante carrera deportiva.

Y en un rincón guarda sus tesoros en una modesta vitrina sin mayor adorno. Las medallas que la FIFA le ha otorgado a lo largo de los años y un suéter que Jorge Campos le regaló el el día que se le rindió un homenaje en el Estadio Azteca en 1999.

Antes del entrenamiento con los niños, alrededor de las 9: 00 am a la hora que se quedó de pasar por él a su domicilio, el periodista ha solicitado tiempo para retratar y grabar lo que se pueda de ese lugar mágico. Él apurado como anda dice que no le da tiempo, pero da su anuencia para volvamos más tarde sin él.

Avisa que regresaremos y partimos a La Búsqueda, el grupo en el que ayuda. En la cajuela lleva otro tesoro, varios pares de zapatos de fútbol que luego de saludar de mano a todos los chicos que lo esperan en la puerta, le pide a alguno que los reparta entre ellos.

Luego de casi dos horas debemos partir de vuelta a su casa, él aún debe quedarse a seguir atendiendo asuntos de los niños y jóvenes. Reconfirmamos la cita para la entrevista a la 1:30 pm en su vidrieria, en la zona centro de León y volvemos a su casa.

Sin preguntas nos abre una mujer del personal doméstico y sin vigilancia recorremos los dos cuartos a nuestras anchas. Algunos personajes en las fotos son reconocibles otros no tanto. Raúl Cárdenas, Ignacio Trelles, el club León, el club España, aparecen con insistencia, después de todo con unos paso gran tiempo en el Tri y con los otros su vida en la Liga mexicana.

Muchos retratos se deben rescatar del arrumbamiento o de algunas cajas en mesas y sillas. El recorrido es sorprendente y a cada paso hay alguna sorpresa, pero luego de 70 minutos, aproximadamente, apenas queda tiempo para llegar al centro de la ciudad.

El GPS nos ha jugado una mala pasada y nos lleva al extremo opuesto de la ciudad. Al momento de llamar para justificar nuestra tardanza, “La Tota” nos dirige vía telefónica a través de la ciudad. Aún así hemos llegado más de 40 minutos tarde, le divierte el hecho de que nos perdiéramos. No tenemos una respuesta.

Una vida en historias
Cuenta en la charla sobre aquel 19 de julio del 66, de sus sentimientos encontrados y de que era el momento de reirarse. Qué pensó en su mujer y en su hijos, y que no había estado en el alumbramiento de ninguno de ellos, “yo creo que ya está bien que le digas adiós al fútbol Toño” se decía.

Qué tenía en mente el quinto Mundial, pero ninguna certeza. De los Juegos Olímpicos del 48, casualmente también en Londres y en los que no jugó por lo que no lo cuenta en su currículo.

De su niñez en la Colonia San Rafael. De la muerte de su hermano en las calles jugando al fútbol. De su padre taxista y que le exigía estudiar, pero que él se desbordaba por la música, el baile y el fútbol.

Sobre su llegada al España y el recibimiento de moustruos como Isidro Lángara o Carlos Laviada. O de los balonazos de Fernando “Gavilán” García - que fue “medio cabrón” con él- a cinco metros de distancia y de las marcas que le dejaban por todo el cuerpo. “Tu vas a ser un gran arquero”, le decía después de la masacre.

De José Alfredo Jiménez y su amistad, “aquí en mi casa cantó por primera vez Caminos de Guanajuato”, dice.

En medio de la charla, el teléfono de la vidrieria -por cierto reminicencia de su niñez porque trabajó en una un tiempo durante su infancia y adolescencia- suena varias veces.

Siempre con asuntos relacionados con los niños y su agenda de pláticas y clínicas en las que recibe alimentos como donación para los chicos.

Luego sigue con sus recuerdos de los Mundiales. Recuerda particularmente a Ademir, de Brasil, en el Mundial del 50 en su partido de presentación en un Mundial.

“Llegó a un grado tal, que yo creo que le daba pena meterme más goles... llegaba a una distancia a la que están ustedes (un par de metros) y empezaba, shoo, shoo y se regresaba y era un partido de Copa del Mundo”, dice.

De su llegada a los Esmeraldas de León por un accidente, pensó que negociaba con la gente del Oro, llegó a un acuerdo, pero resultaron ser en realidad los directivos de León y en ese equipo pasó el resto de su carrera y la mayoría de su vida.

Al hablar de lo que hace con los niños salta varias veces la frase, “el que no vive para servir, no sirve para vivir”. Otra llamada y otra puesta a punto para alguna clínica en una escuela al día siguiente, “dile a la directora que nos dé buen alimento para los niños”.

Como con las fotos, el tiempo se va demasiado rápido. Se le mira asoleado y cansado, pero lleno de vida al lado de sus recuerdos y su vida actual.

Pícaro como es, cuando se le dan las gracias por la entrevista pregunta “¿es todo?” y en son de broma nos mira y dice “qué bueno que ya dejaron de chingar” y suelta una sonora carcajada.

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