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Klinsmann, un crítico del sistema que no pudo revolucionar al fútbol de Estados Unidos

La Federación de Fútbol de Estados Unidos tiene una piel demasiado delgada cuando los extranjeros critican su sistema, y así lo demostró con la despedida a Jurgen Klinsmann.
23 Nov 2016 – 1:45 PM EST

Mientras el seleccionado de fútbol de Estados Unidos dejaba el campo en San José tras la dolorosa derrota por 4-0 ante Costa Rica, quedaban pocas dudas que su entrenador, Jurgen Klinsmann, se encaminaba hacia la puerta de salida.

Fue ese tipo de partidos desmoralizador, falto de ideas, energía y sin deseos de dar pelea, de esos que suelen poner fin al ciclo de muchos entrenadores en todo el mundo. El lunes, lo que se esperaba se confirmó cuando Klinsmann fue despedido al frente del seleccionado nacional y como director técnico de la Federación de Fútbol de Estados Unidos.

Claro que no cualquier derrota por 4-0 o un desempeño deplorable termina con el despido del entrenador. Muchas veces se les avisa que deben cambiar rápidamente de rumbo y logran una última oportunidad. Otras veces, el entrenador logra dejar atrás la derrota, la presenta como un mal día y logra apartarse del problema para seguir adelante.

Sin embargo, para sobrevivir un mal período de desempeños y resultados, un entrenador necesita una red de contención que quiera sostenerlo –algo dlo que lo que claramente careció el técnico alemán, y como a menudo se demostró, casi nunca tuvo en sus cinco años al frente del seleccionado nacional.

Para pasar un timepo de crisis, un entrenador necesita un jefe que esté de su lado y apoye su criterio y capacidad de proveer soluciones a largo plazo. Sabemos que Klinsmann no tenía esa relación últimamente con el presidente de la Federación estadounidense, Sunil Gulati, quien apenas horas antes de un partido crucial en la fase de grupos de la Copa América Centenario llamó a un grupo de reporteros de fútbol y les comentó sobre los riesgos de estabilidad en el puesto del seleccionador.

Para cualquiera se hizo obvio que las referencias estaban dirigidas al futuro de Klinsmann. Lamentablemente para sus críticos, el seleccionado logró un buen triunfo ante Costa Rica y luego una buena victoria ante Ecuador, antes de caer en semifinales con Argentina. No había un mal desempeño que justificara echarlo.

También ayuda que un entrenador tenga amigos en ese mundillo que salgan a hablar por él – otros técnicos, ex jugadores o representantes en los medios. Pero en la comunidad del futbol estadounidense hubo muy pocos que salieron a apoyar a Klinsmann, incluso cuando las cosas iban bien.

Y, al contrario de algunas historias que fueron escritas, las cosas fueron bien algunos años. Bajo la dirección de Klinsmann, Estados Unidos derrotó a su viejo rival México en el Estadio Azteca por primera vez en la historia. Y en varios encuentros amistosos también logró por primera vez una victoria ante potencias mundiales del fútbol como Italia, Alemania y Holanda.

En la Copa del Mundo 2014 pocos daban opicón alguna de clasificar a Estados Unidos en un grupo donde estaban campeones del mundo y europeos como Alemania, Portugal y Ghana, equipo este último ante el que había caído derrotado en 2006 y 2010.

El resto del mundo aplaudió entonces el valiente desempeño del equipo, pero los críticos de Klinsmann daban la impresión de estar aguantando el disparo y comenzaron a apuntar de nuevo luego de la derrota en tiempo extra contra Bélgica en la ronda de octavos de final.

Las cosas comenzaron a ponerse oscuras con la campaña en la Copa de Oro 2015, que estuvo muy por debajo de las expectativas con una derrota ante Jamaica en semifinales. Y luego en los playoffs para la Copa Confederaciones con una derrota ante México difícil de digerir, pero no tan sorprendente contra un 'Tri' claramente con mayores talentos.

Los cuchillos otra vez estaban siendo afilados y, como lo reporto ESPN recientemente, las directivas del US Soccer estaban buscando un reemplazo desde hace al menos un año.

Aquella intervención de Gulati durante la Copa América dejó la impresión de que los opositores a Klinsmann esperaban el momento para sacarlo.

¿Por qué estuvo Klinsmann tan aislado, fue furiosamente rechazado en algunos sectores y visto con suspicacia en otros, mucho antes de las derrotas con México y Costa Rica en la apertura de las eliminatirias este mes?

La respuesta es que el alemán intentaba ser un solitario revolucionario en un medio conservador que tenía muy poco interés en sus demandas de cambio.

Incluso antes que tomara el puesto, Klinsmann había sido claro respecto a sus críticas al sistema del fútbol en
Estados Unidos las últimas décadas. Continuó haciendo las críticas una vez que estuvo en el cargo, algo que para el pudo significar solo expresar su opinión, pero que para otros que han luchado por este juego significo debilitar lo que se construyo y atacar lo que creen.

Cuando criticó las prácticas y la estructura del futbol juvenil, Klinsmann despertó la cólera de muchos entrenadores que han pasado cinco años intentando el desarrollo de jugadores locales.

Cuando criticó la Major League Soccer, desde su calendario, lo relegada que estaba o la ausencia de presión en la competencia, se enemistó con quienes trabajaron para construirla desde sus frágiles cimientos hasta donde está hoy.

Cuando alentaba a sus dirigidos a jugar en Europa, para probarse a sí mismos en el mas alto nivel, creyó que expresaba el hecho obvio de que el jugador se mejora compitiendo entre los mejores. Pero a la MLS no le gustó.

Cuando Klinsmann expresó su temor de que el juego de Michael Bradley podría verse afectado por su traspaso de un club italiano de primer nivel como AS Roma a uno de menor rango en la MLS como el Toronto FC, Garber llamó a una teleconferencia con los medios.

“Los comentarios de Jurgen son muy perjudiciales para la liga, para el deporte en Norte América. Perjudiciales para todo lo que estamos intentando hacer”, dijo un molesto Garber.

“Estoy pidiendo que se abstenga de hacer comentarios que son críticos de nuestros jugadores y que dañan a nuestra liga”.

En los primeros días de su ciclo, cuando Klinsmann habló de la necesidad de que el seleccionado de Estados Unidos tuviera una actitud más proactiva y se impusiera en los partidos –describiendo eso como que se requería tuvieran mas personalidad y patriotismo- golpeó los sentimientos de jugadores que integraron equipos previos, con Bruce Arena o Bob Bradley, o al menos a esos entrenadores y sus amigos.

Arena, ex entrenador del seleccionado entre 1998 y 2006, criticó públicamente a Klinsmann, consideró que el seleccionador debería ser un estadounidense y criticó el alto numero de jugadores “nacidos en el extranjero” que se integran a una plantilla de equipos cada vez más multicultural.

Klinsmann fue un crítico extranjero a la cultura del fútbol en Estados Unidos, incluyendo los medios deportivos, con una piel muy delgada ante las críticas de outsiders. Aquellos que han construído el fútbol en este país están, en varias formas, justificadamente orgullosos de lo que han alcanzado y también, habiendo visto muchos charlatanes a lo largo de añoos, escépticos de extranjeros que no entienden “el juego estadounidense” o al “jugador estadounidense”.

“Jurgen solo conoce Europa. No conoce Estados Unidos tan bien como es necesario. Tiene que entender nuestra cultura y nuestro sistema un poquito mejor”, dijo Arena luego de la Copa del Mundo y ciertamente no estaba solo en lo que pensaba.

Para ser claro, no fue solo una reacción nativista la que llevó a Gulati a bajar la guillotina. Klinsmann fue echado porque había una sensación generalizada de que el equipo nacional iba en la dirección equivocada y que la clasificación a Rusia estaba en peligro. Ambas son y fueron razones suficientes para tomar una decisión.

Pero no hay duda que la falta de apoyo durante su período a cargo estuvo influenciada por el hecho de haber sido una voz crítica extranjera.

Arena, de 65 años, es el favorito ahora para asumir y otros nombres lanzados por figuras influyentes del medio, son abrumadoramente estadounidenses.

“Nadie en Europa conoce mas sobre fútbol que nosotros”, dijo Arena y muchos en este juego coinciden con él.

Si un extranjero tiene la oportunidad de liderar a la selección de Estados Unidos en un futuro, deberá aprender bastante de la experiencia de Klinsmann. Ser una persona corporativa, resaltar el “crecimiento del juego” en Estados Unidos, no criticar a nadie en el sistema o al sistema en sí mismo, y solo hacer su trabajo.


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