
La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
Una tormenta se transporta a mes de julio y otro día para esparcir la esperanza en el barrio, en las calles y en la explanada del coloso. Algunas escenas se repiten, personajes, expresiones, insinuaciones, cantos, gritos, sonrisas, insignias.
Otras son nuevas, como el extraño robot que irrumpe en el horizonte, esta enorme y extraña calavera o este mensaje en las camisetas. Él y sisi que se ha convertido más que en una ambición o en un sueño, en una expresión de lucha e insurrección.
El autobús de la selección ha salido de más allá de la escuela militar. En periférico hay grandes aglomeraciones de gente que quiere acercarse y hacerles sentir a los futbolistas que hoy más que nunca estarán arropados.
Algo parece distinto a otras ocasiones en el atardecer de sol que va ensombreciéndose sobre santa urso. Un mensaje a venezuela de no están solos fue espeluznante.
No recuerdo una noche como esta. Con ana.
Una conexión tan perfecta, tan exacta, que parecía irreal. El azteca que me perdó mi infantino.
El azteca más encendido, eléctrico, delirante que nunca. Un estadio que contagiaba desde el graderío.
Y una cancha donde finalmente hubo conexión, profundidad, ideas, cambios de ritmo. Lo del niño mora es descomunal.
Lo del piojo alvarado, escándalo. Lo de quiñones, espectacular.
México encontró el fútbol. Y provocó un delirio, un éxtasis, un desenfreno poco visto en la historia de nuestro fútbol.
Están al borde, están en la completa locura, en el desquicio, en la irracionalidad. Y cómo no, si el fútbol es capaz de generar esta clase de milagros.
De olvidar problemas, de sentirnos plenos, alegres, de unirnos. El fútbol.
El fútbol.